Sombras humanitarias


Sombras humanitarias

Kike Gómez

Existen tantas definiciones de ONG como instituciones multilaterales (Naciones Unidas, Banco Mundial, OCDE, Comisión Europea…). En todas coinciden en que se tratan de organizaciones formadas por un grupo de personas, sin ánimo de lucro, independientes de cualquier gobierno y que persiguen aliviar el sufrimiento de los más desfavorecidos. Estas definiciones como veremos, desde las primeras premisas se empiezan a tambalear.

Las ONG aparecieron ya a finales de la II Guerra Mundial, en los años 50, sobre todo a cargo de las iglesias. Los procesos de descolonización en los 60, auparon más la creación de este tipo de asociaciones. En los 70 y los 80, la sociedad más crítica con las instituciones se puso al abrigo de estas nuevas asociaciones que empezaban a cobrar fuerza. En los años 90 se produjo el “boom”. Los países más pobres empezaron a ver como sus carreteras, pueblos y aldeas se llenaban de vehículos y personas que decían llegar en su auxilio.

A partir de esos momentos, la imagen popular que se tiene de esas organizaciones ha ido oscilando entre claroscuros.

Es imposible negar la actuación solidaria y positiva de muchas de las ONG que trabajan con valores y principios cívicos y humanitarios. Que luchan por generar nuevas estructuras económicas, sociales y de convivencia. Las virtudes de las organizaciones no gubernamentales están al alcance de la vista de cualquiera sobre todo a través del marketing y publicidad con que nos bombardean en los medios de comunicación, de manera que nadie puede decir que sea falso todo lo que nos cuentan. Sin embargo, como sucede con todo, no es oro todo lo que reluce; ni siquiera en esos panfletos o minutos de televisión nos cuentan la realidad de esas instituciones.

El profesor de sociología de la Universidad de Valladolid, José Luís Izquieta, en un curso de iniciación a la cooperación, de lo primero que habla, en un intento de rellenar los huecos vacíos, es de las sombras de las ONG: «Las ONG son altamente dependientes de los medios de poder, en la medida en que necesitan financiación y recursos para sobrevivir». Ese es el principal escollo que se encuentran todas las ONG importantes: La financiación. La privatización encubierta de la solidaridad.

Cuando las ONG en los anuncios que ponen en TV, mostrándonos niños llorando, personas que se mueren de hambre, ¿Qué es lo que pretenden? ¿Buscan que el ciudadano se enternezca y ayude con una pequeña cantidad de dinero a esos niños y adultos que no tienen que comer o lo que busca realmente es un cliente más que permita sobrevivir a la organización?

La respuesta a esta pregunta es imposible de unificar porque existirían tantas respuestas como organizaciones. Pero lo fundamental es planteársela.

El profesor y colaborador durante varios años con Médicos sin Fronteras, Jordi Raich en su libro “El Espejismo Humanitario”¹ habla claro al referirse a la condición humana respecto a la solidaridad «No socorremos a los desdichados porque sean congéneres nuestros, sino que lo hacemos porque nos dan lástima. No amamos al ser humano, lo que amamos es atenderle».

Aquí surge el siguiente problema. La figura del hombre caritativo está creando la figura de la víctima profesional. En los países pobres son muchos los jóvenes y no tan jóvenes que se acostumbran a vivir de lo poco que reciben de las ONG y en ocasiones «los “clientes” insatisfechos con los servicios prestados pueden tomar medidas más drásticas y salvajes para poner de manifiesto sus frustraciones. Amenazas, secuestro, violaciones…»¹

«Todo es Vanidad», decía Jung. Y es que, muchas de las grandes ONG como World Vision en Madagascar, se niegan a colaborar y coordinarse con asociaciones y gobiernos.² Y otras hacen lo que quieren, ya que en muchas ocasiones son meros intermediarios, controlados por los cuerpos militares, de gobiernos extranjeros.

Ese es otro de los problemas: conservar la independencia. El precio de la independencia, como en los  medios de comunicación, está claro: renunciar a las subvenciones.

La solución que se está dando, sobre todo en las ONG francesas es la de profesionalizar los cuerpos de voluntariado.  Allí existen escuelas de formación.

Apadrinamientos

La joya de la corona de las Organizaciones No Gubernamentales. Quizá sea la parte más oscura de estas organizaciones, ya que la transparencia en este apartado es prácticamente nula.

Carlos Ballesteros, profesor de la universidad de Comillas³, tienes una visión particular: «El apadrinamiento es una medida caritativa que sirve para acatar las consecuencias más que las causas de la miseria».

Ya es sabido desde que salieran a la luz algunos escándalos, que las aportaciones económicas de los apadrinamientos no van destinadas a cada ahijado, sino que van para la comunidad donde vive éste.

Ballesteros critica el apadrinamiento desde otro punto de vista «El apadrinamiento no sensibiliza ni educa: puede llegar a acabar convertido en un apunte en la cuenta corriente del padrino, como el recibo de la luz o el agua; en una costumbre consumista».

No se puede dejar en manos de organizaciones con poca o nula independencia la situación de los más desfavorecidos, porque eso significa hipotecar sus vidas a las necesidades del norte. “Cambia de vida, para poder cambiar el mundo”, según este profesor, ese es el eslogan de la verdadera educación para el desarrollo. Y eso es lo que necesitan los países pobres, una buena educación e información de los habitantes de los países ricos.

Notas:

¹ «El espejismo humanitario». Jordi Raich. Debate. Barcelona 2004.

² Aventureros africanos y profesionales occidentales en el congo. Le monde diplomatique, diciembre 2008.

³ Apadrinamientos, S.A.  Carlos Ballesteros. Público, 15 marzo de 2009.

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