Simone Weil: Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social


La sociedad menos mala es aquella donde el común de los hombres se encuentra más a menudo en la obligación de pensar al actuar

Por: Kike Gómez.

Para T. S. Eliot la obra de Simone Weil pertenece al género de “prolegómenos de la política, libros que los políticos rara vez leen, y que tampoco podrían comprender y aplicar”. El autor estadounidense consideraba que debían ser leídos por los jóvenes antes de que las propagandas políticas anularan su capacidad de pensamiento.
Quizá estas opiniones empezaron a fraguarse en el interior de este y de muchos otros autores tras leer obras como “Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social”. Un libro que plasma con rotundidad la firme propuesta revolucionaria de la filósofa francesa.
Varios puntos en la obra de Simone Weil coinciden con los ya expresados por Carl Marx en sus escritos. “Las fuerzas revolucionarias deben buscar la emancipación de las fuerzas productivas, no de los hombres ya que nada en la naturaleza se efectúa sin transformaciones materiales”, dice la autora.
Otros de los puntos en común con el periodista y filósofo alemán es en que ambos están a favor de la colectividad. Ambos llegan a la conclusión de que la extorsión de la plusvalía de los trabajadores está ligada y ésta a la propiedad privada; por lo que una vez la propiedad privada sea colectiva todo irá bien.
El problema de está explotación reside en que los empresarios no desean “gozar y consumir” sino que les mueve una obsesiva búsqueda por “agrandar la empresa rápidamente”. Esta es la razón que le conduce a pensar que el engrandecimiento de las empresas no irá acompañado de una disminución, sino de un aumento, de los gastos generales. “El progreso hoy se convierte en regresión”, dice.

Parece decir la autora francesa que nos olvidamos de que todo sobre la tierra, “únicamente puede adaptarse a los fines humanos por el trabajo humano”; “jamás ninguna técnica dispensará a los hombres de renovar y adaptar continuamente, con el sudor de su frente, la maquinaria que usan”, enuncia, por lo que es lógico pensar que el esfuerzo por realizar esa adaptación debe ser inferior al esfuerzo que supondría hacerlo directamente. Un ejemplo claro y evidente es la extracción de minerales en minas de difícil acceso, ¿les compensa ese trabajo a los mineros en cuanto a los beneficios que pueden obtener? ¿Compensan guerras, muertes y explotaciones de seres humanos (incluidos niños), en el Congo por la obtención de Coltán o diamantes? Simone Wiel se adelanta a su tiempo pronosticando que  la “reproducción sólo es eficiente cuando se consume en masa”.

A pesar e que hayan pasado más de 70 años desde que escribiese este texto, éste conserva una actualidad asombrosa. Ahora más que nunca es importaantísimo distinguir si lo que nosotros llamamos “opresión” -por parte de los bancos, mercados o el estado-, no es más que una subordinación de “caprichos individuales” a un orden social establecido. Es la sociedad misma la que nos pone los límites y las reglas sin que lleguemos a plantearnos en muchos casos si estas son buenas, malas o incluso necesarias. -Sin ir más lejos, la ley antitabaco que tantos minutos de telediario ha ocupado, ¿Es realmente necesario que tengamos que regular hasta el más mínimo detalle sin darnos cuenta de lo cínico de las normas?-. Se muestra tajante cuando explica que las causas de la opresión solo aparecen en las formas más elevadas de la economía; ya que una familia sólo consumirá lo que necesita. “La opresión es imposible de suprimir ya que las causas de ésta residen en la naturaleza de la organización social”, afirma. Marx coincide con ella en que “ninguna sociedad opresiva a conseguido fundar una que no lo fuera”.

La opresión procede según la filósofa francesa de toda forma de privilegios (Conocimiento, armas, dinero), pero a la que se suma la lucha por el poder, que es determinante. Estas exigencias quitan el tiempo libre para pensar en el bienestar. La subsistencia se vuelve secundaria, indispensable, para lograr el poder.

Una de las citas más rotundas y esclarecedoras es la que dice que “la vida humana se mueve entre la servidumbre y la libertad. Que ésa nunca alcanzará ninguna bajo pena de dejar la vida”.

Una vez explicadas a groso modo las causas de la opresión da un vuelco en su texto para hablar del otro polo de la humanidad: la libertad.
Para lograr este estadio es imprescindible, dice, forjar una idea básica de la civilización que se desea para el futuro de la humanidad para dar un objeto a la gente de buena voluntad. Y eso ya es mucho para los tiempos en los que estamos (una idea de futuro para gente de buena voluntad), donde no existen ideas y la buena voluntad se reduce como muy lejos a las fronteras establecidas de cada país.

Para lograr esas buenas ideas e intenciones es necesaria la cultura; palabra que parece perder peso generación tras generación. Ese valor que para S.Weil no es otro que el de preparar para la vida real, equipar al hombre en el universo que le ha tocado con relaciones dignas de la grandeza humana. No como un medio para evadirse de la vida real.

Para La francesa, la sociedad menos mala es aquella donde el común de los hombres se encuentra más a menudo en la obligación de pensar al actuar. Tiene las mayores posibilidades del control sobre el conjunto de la vida colectiva y pose a la vez mayor independencia. La clave es encontrar el equilibrio y no avanzar en una única dirección con lo ojos cerrados.

“Se dice que la fuerza es impotente para domeñar el pensamiento; pero para ello es fundamental que exista pensamiento. Cuando las ideas irracionales lo ocupan todo, la fuerza lo puede todo. El Fascismo anquilla el pensamiento, la ausencia de éste favores el fascismo”, dice un fragmento de la obra.

A pesar de la creciente agitación alrededor del mundo, es necesario mantener la calma. Muchos autores están de acuerdo en que es el momento en el que se debe actuar de forma silenciosa, buscando eso que Simone Weil reclamaba: la idea de civilización del futuro. Una vez que se encuentre ésta, será mucho más fácil abrir los ojos del general de la humanidad para poder llevar a cabo, la verdadera y necesaria acción. Por lo tanto, el pensamiento, la reflexión y el intercambio de ideas se hacen ahora más necesarios que nunca para comprender los cambios que estamos viviendo denorte a sur y de este a oeste. Siempre con un espíritu crítico, ya que “una vez perfectamente comprendida esta situación, deja una libertad de espíritu maravillosa”.

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