Análisis fílmico: El diario de ron


Por: Ryan Kozin

¿Álguien quiere otra ronda? Johnny Depp lleva el trabajo del querido, iconográfico y subversivo autor norteamericano Hunter S. Thompson a la gran pantalla otra vez. El Diario del Ron, es la adaptación cinematográfica más reciente, promovida por la compañía de producción de Depp, el Infinitum Nihil (financiada por GK Films), subrayando que nadie tiene el legado de Thompson más profundamente arraigado, como su amigo, estrecho, personal y, apropiadamente, antiguo compañero de borracheras.  De hecho, la novela bestseller nunca habría sido publicada —mucho menos adoptada al cine—, si Depp no hubiera encontrado el manuscrito original olvidado en un cofre en el sótano de Thompson cuando el actor estuvo viviendo con él, en la preparación para su única colaboración completa en la película de 1998, Miedo y Asco en Las Vegas (Fear and Loathing in Las Vegas).  Y en este caso la verdad es que aunque la película difiera del libro y tenga algunos fallos, triunfa estilísticamente y en espíritu.

La novela homónima nació cuando Thompson se piró a Puerto Rico en 1960 para “escapar del convencionalismo aplastante de la era Eisenhower”.  Al llegar, se encontró insaciablemente sediento de ron —que Thompson podía haber llamado “combustible”—, y también de verdad.  Su indulgencia está clarísima en todo la novela pero también su disciplina.  Y esto es lo que mejor captura la película.  Nos deja entrever el hombre convertido en artista y a la vez, encontrar su “voz”.  Incluso aunque el protagonista sea sólo semi-autobiográfico, Depp y director Bruce Robinson (Withnail and I, The Killing Fields) perfilan fielmente, al entonces autor de veintidós años de edad, y sus brotes de “ira” —lo cual se manifestara más fuerte en obras venideras como Miedo y Asco en la Ruta Electoral ’72 (Fear and Loathing on the Campaign Trail ’72)-.  Sin embargo, El Diario del Ron es mucho más que un homenaje.  Es una historia de amor y de letras, corrupción, moralidad…  y además está completamente empapada de ron.

La historia empieza sencillamente, con una resaca —para la cual Thompson prescribía “12 [pastillas] de nitrito amílico (una caja entera) en conjunción con tantas cervezas como sea necesario”-. Llegando tarde para su primer día en el periódico The San Juan Star, Paul Kemp (Johnny Depp) pasa por el Casco Viejo de San Juan solamente para ver empleados haciendo piquetes en la calle que rodean el edificio y una oficina disfuncional adentro.  Así que, un comienzo incierto.  Se hace amigos con Sala (Michael Rispoli) mientras espera el jefe de redacción, Lotterman (Richard Jenkins) que es tan incompetente como la gentuza que detestablemente pretende dirigir.  Nos presenta también dos personajes muy distintos que sólo se asocian con el periódico vagamente pero que vienen de opuestos extremos del mismo espectro asqueroso.  Hay el elusivo, deslizante hitleriano que es Moberg (Giovanni Ribisi)—que debía parecerse tan sucio que “el publico debería poder olerle”—y luego está el guapo, prospero, excesivamente ambicioso comerciante conocido como Sanderson (Aaron Eckhart).  Es el segundo de ellos quien da la salida al conflicto del film.

    Cegado por sus propias ambiciones, inconsciente de las muchas diferencias innatas, Sanderman no tarda mucho en reconocer el valor potencial de la escritura de Kemp y enseguida le presenta una oportunidad lucrativa. Aunque las borracherras cotidianas de Kemp sean compensadas por la sobriedad de su consciencia, raras veces deja pasar sus principios sin probación.  Sanderson no pierde ni un minuto en pedirle a Kemp que ayude a sus sociaos componer un folleto para atraer inversoras para un mega-hotel que quieren construir ilegalmente en la isla adyacente de Vieques (Sanderson describe la belleza paradisiaca de las islas, que pretende controlar y luego vender, como “La idea de dinero que tiene Dios”).  A pesar de su hesitación inicial, el encanto de la prometida de Sanderson, Chenault (Amber Heard), combinado con unas deudas eventualmente hace que Kemp se ponga de acuerdo.  Como se alude en el tráiler: “Si la borrachera no te mete en líos, las mujeres definitivamente lo harán”.

    El viaje a Vieques acaba desastrosamente para todos los individuos implicados.  Kemp equivocadamente rompe la confidencialidad del trato propuesto cuando invita a Sala, lo cual Sanderson no le puede perdonar que acaba en despedirle.  Y cuando la casualidad les reúne a todos en St. Thomas para Carnaval, las cosas se emporan aun más.  Chenault se desaparece después de una noche de juerga.  Todo se deshace.  La relación de Kemp y Chenault se deja pendiente.

    Después del fiasco de Vieques y St. Thomas, Kemp y Sala vuelven a Puerto Rico y encuentran que el periódico ha sido cerrado.  Hacen un plan.  Con ganancias de unas peleas de gallos, planean en irrumpir en el edificio para imprimir un artículo de denuncia acerca Sanderson y sus colegas corruptos.   Sentando en su escritorio con su máquina de escribir de Royal, una lámpara, un pitillo y, por supuesto, una botella de ron, Kemp declara: “Quiero hacerle una promesa a usted, el lector.  Y no sé si podre cumplir con ella hoy o pasado mañana.  Pero notifico los cabrones del mundo que no me preocupo de veras por su bienestar.  Intentaré hablar por mis lectores—y eso es una promesa—.  Y será con una voz hecha de tinta y ira”.  Pero, frustrantemente, sus planes fallan.

    A pesar del bueno intento que han hecho, El Diario de Ron falta un argumento.  El hilo Hemingwayiano del libro se pierde en el montón de cambios que lo han dado—la ausencia completa de Yeamon, un espíritu libre que en el libro era el novio de Chenault, es particularmente curioso, por ejemplo; y cambiaron el final de la historia—.  Pero al mismo tiempo hay muchos momentos de autenticad y patetismo humoroso que son unas de las razones para que si se merece verla.  Uno en particular ocurre cuando Kemp y Sala se toman un alucinógeno inidentificado, luego vagando por las calles de San Juan, acabando en el puerto cuando Kemp, al ver un acuario con langostas, se inclina, hace contacto visual con uno de los crustáceos y murmura: “Los seres humanos son la única creatura en la tierra que proclama tener un dios y la única que se comporta como no lo tuviese.”

    Al fin y al cabo, la película probablemente podría haberse beneficiado por la supervisión y orientación creativa de Thompson, pero es probable también que así, se convierta en una película de culto.  Hay muchas razones para que veáis El Diario del Ron, pero si buscáis una adaptación directa como la que nos dieron con Miedo y Asco en Las Vegas, no lo vais a encontrar aquí.  En otras palabras, si queréis una buena historia que sea divertida de leer, cómprate el libro; y si queréis ver una peli divertida… la veáis.  De todos modos, tomate un vaso de ron.  A Thompson le gustaba tomárselo solo y, además, siempre se aseguraba de tomar más de uno.

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