Sabidurías diciembre 2011


Santiago Alba-Rico – Filósofo

La creencia de que los recortes son necesarios, está asentada en otra mucho más terrible: la de que no hay alternativa. La de que, en general, en conjunto, no hay alternativa. Ese es, sobre todo, un síntoma depresivo. ¿Cómo se manifiesta una depresión? Comiendo y durmiendo. ¿Cómo se combate? Ponien-do los dolores en común. Las creencias colectivas sólo pueden ser combatidas colectivamente.

Entrevista completa. Diario Público. 15/01/2012

Isabel Rauber – Filósofa

No, nunca toca fondo, se profundiza cada vez más, esto no se termina espontáneamente. El ser humano está tan enajenado que se sigue autoflagelando para responder a la cuestiones que se consideran normales y no se piensa en los cómo y en los para qué. La humanidad no se va a dar cuenta de todo lo que está pasando: guerras, destrucción de la naturaleza, etc., porque para darse cuenta tendría que tener las herramientas culturales y no las tiene. Y aquellos que quieren cambiar el mundo en vez de estar simplemente en la calle deberían dedicarse a concientizar. Y no quiero decir que estar en la calle sea una pavada porque a veces hay que estar en ella, pero hay que avanzar en la concreción del pensamiento estratégico, en el sentido de Paulo Freire, no ir a meter conceptos sino tratar de razonar y discutir las realidades. El problema del mundo es la inexistencia de una humanidad consciente para lo cual tenemos que encontrar un nuevo modo de vida entre todos y todas, y eso no se logra por decreto sino que hay que construirlo, por eso la construcción del poder es desde abajo. Es decir, tenemos que cambiar el modo de producción y de reproducción y eso hay que pensarlo, hay que inventarlo, y es todo un caminar de muchos años. Pero además, la humanidad tiene que saber porqué lo hace para querer hacerlo.

Entrevista completa en Cronicon.net

Marcelo Colussi – Plitólogo

Existe allí, por supuesto, una visceral formulación ideológica, por lo que no hay que perder nunca de vista que con educación y sólo con ella no es posible el desarrollo. Estamos ante una falacia. Por el contrario, la educación es parte de un complejo conjunto de facetas. El desarrollo de un pueblo no pasa por salidas individuales, por “salvamentos” personales. Un graduado universitario con su título de post grado bajo el brazo (maestría, doctorado, hoy día ya también post doctorado) está en mejores condiciones para afrontar el mercado de trabajo que un analfabeto, o que alguien que apenas tiene un nivel medio; pero la historia con mayúscula, la de los pueblos o de los países, no se escribe en términos individuales. Por el “éxito” individual de un (o unos cuantos) graduado(s) con diploma de post gado, infinitamente muchos más no llegan ni cerca de un aula universitaria. Si pensamos en el desarrollo, la educación, sin restarle importancia por supuesto, va de la mano simultáneamente de otros aspectos: de la salud, de un crecimiento económico equitativo, de justicia social y respeto al medio ambiente, entre otros.

¿ Qué significaría entonces “salvarse” en términos individuales con un título de maestría o doctorado en un mar de pobreza? La trampa ideológica es más que evidente. Argentina, por ejemplo, es uno de los países en Latinoamérica con mayor tasa de graduados universitarios; ¿de qué le sirvió ello ante la caída estrepitosa que se dio en su situación económica a partir de los planes neoliberales de las últimas décadas? Algunos universitarios se habrán podido reacomodar; otros marcharon al extranjero (“inversión” perdida para el país, obviamente), pero a nivel general el país experimentó un dramático cambio negativo en su composición social pese al alto nivel educativo de su población (para el momento de la entrada en vigencia de los planes de achicamiento del Estado se tenía casi un cero por ciento de analfabetismo). Otro tanto sucedió en los países de Europa del Este y de la ex Unión Soviética: el alto nivel educativo de sus poblaciones no impidió la catastrófica situación que se vivió con el paso al capitalismo.

Por todo ello puede decirse que la educación, por sí misma, no es la palanca mágica que saca de la pobreza. Tiene que darse una combinación de factores: ¿es posible “salvarse” con una maestría o un doctorado en un universo de pobres sin mayores salidas? Es más que evidente que la invocación en juego no tiene el más mínimo sentido crítico ni solidario: es un ramplón mandamiento clasemediero. ¿Salvarse de qué: de no ser un “triunfador”?

Artículo completo en Rebelion.org. 11/01/2012

 

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