Reducto democrático puro en Villalán de Campos


Los vecinos del municipio vallisoletano optan por la forma de autogobierno de concejo abierto, a pesar de que, tras la reforma de la ley electoral, ya no sea obligatorio para las localidades de menos de 100 habitantes

Por: Kike Gómez

Cuarenta y cuatro sillas en el salón de plenos del ayuntamiento son suficientes para dar cabida todos los vecinos del pueblo de Villalán de Campos, y solo la mitad de votos más uno para que las decisiones que se han de tomar y que afecten a sus habitantes salgan adelante o no. Así es como se rige una comunidad bajo el sistema de concejo abierto.

Todos se conocen en esta pequeña villa de la provincia de Valladolid, muy envejecida -con una media de 60 años-, como otros cientos de municipios castellanos, pero que, aún a pesar de la experiencia, como en las buenas familias, no siempre se está de acuerdo en todo. Para llegar a un acuerdo común, hay que debatir y articular las opiniones para que suenen lo más convincentes posible de manera que la mayoría quede convencida del bien para la comunidad. Aquí no se trata a discutir sobre qué programa poner en la televisión, o sobre cuánto corresponde a cada uno de la tortilla de mamá, sino de alcanzar un consenso en cuanto a las obras de saneamiento de las calles, de la distribución de los presupuestos del ayuntamiento, o sobre dónde sobran o faltan bancos para sentarse en los días de buen tiempo.

Este pueblecito de Tierra de Campos, gracias a la voluntad de sus vecinos, ha vencido una pequeña batalla en el último ataque contra la democracia directa y participativa, después de que la nueva Ley de Régimen Electoral General, suprimiera la obligatoriedad de los concejos abiertos en municipios con menos de 100 habitantes. En estas pequeñas localidades se adopta únicamente como regla, la necesidad de elegir un alcalde y tres concejales, que se erigirían como los representantes legales del resto. Pero para el regidor de Villalán y sus vecinos, el concejo abierto es «la democracia pura y dura, los tres concejales estuvimos de acuerdo en proponer a la asamblea que continuara el concejo abierto y así se decidió por mayoría», explica uno de los concejales.

El concejo abierto puede considerarse como la institución comunitaria más antigua de nuestro continente. Es más que probable que las primeras aldeas, conformadas por distintos clanes que a su vez pertenecían a la tribu, se reunieran ya en asamblea desde tiempos prehistóricos para tratar los asuntos que afectaban a su comunidad.

Según los lingüístas concejo proviene del latín ’concilium’ (concilio), por lo que es obvio que el origen de estas primeras asambleas era el de conciliar las distintas opiniones de los miembros de una misma colectividad. Los acuerdos se basaban en el ’quórum’ o ’consenso’ al que llegaban los habitantes de cada aldea como única institución política deliberante, decisoria y ejecutiva. Por todo esto, el ’concejo abierto’ o ’asamblea comunal’ suele definirse como la forma organizativa y gubernamental más libre que existe, y se muestra en estudios y tratados como ejemplo práctico de democracia directa. Hace casi un año que el 15M volvió a poner de moda estas palabras, pero hay que recordar que en ambos casos todo forma parte de la cultura ibérica ancestral.

Para los habitantes de Villalán, que disfrutan ya de sus años de jubilación en su mayoría, no les preocupa el frío del invierno o el calor del verano cuando deben asistir  semanalmente a las asambleas en el antiguo edificio del ayuntamiento. Ese es, sin embargo, el motivo por el que muchos otros municipios han recibido la propuesta de reforma electoral con los brazos abiertos, ya que en muchos casos nadie acudía a las asambleas. «Tenías que andar llamando a la gente para que fuera a los plenos y muchas veces no hay ni vecinos a quien llamar», dice al respecto Joaquín Vega, alcalde de un pueblo vecino a Villalán.

Pereza y en mucho casos dejadez es el problema al que se enfrenta el concejo abierto. Cada vez son más los municipios en los que el número de censados desciende por debajo de la centena de habitantes, pero aún son menos los que apoyan esta forma de autogobierno.

El concejo abierto parece tener los días contados en la península, ahora que las protestas en la calle por una democracia real o por las listas abiertas, están a la orden del día.  En Villalán, todos los vecinos asumieron el esfuerzo de aceptar sus responsabilidades siendo cada uno miembro-concejal, en lugar de la comodidad de cargar el gobierno del pueblo a los tres concejales electos.

En estas reuniones, donde todo el mundo tiene voz y voto, han salido ideas llenas de imaginación, unas más viables que otras, pero entre las que se encontraba en estado de gestación, la de buscar un uso para la torre de su antigua iglesia Santa Cecilia (siglo XVI), en la que el deterioro avanzaba a pasos agigantados. En los primeros momentos de la concepción del proyecto para cambiar el aspecto de ese lugar emblemático de Villalán, fue cuando se lanzó al aire la propuesta de solicitar al arquitecto Frank Gehry, autor del Museo Guggenheim de Bilbao, que desarrollara allí algún proyecto diferenciador que convirtiera esa almena de la Tierra de Campos en un atractivo turístico. Finalmente todo quedó en una propuesta para la transformación del lugar en una casa rural.

Uno de los debates incluidos en el conjunto de los próximos que se abordarán en las reuniones de los habitantes de Villalán y sus alrededores, estará la de cómo frenar el envejecimiento de la comarca. «Esa es la idea, que haya otros pueblos que se animen y convirtamos la Tierra de Campos en un lugar atractivo desde el punto de vista turístico, y que no agonice con la despoblación», explica el alcalde.

Evolución histórica del concejo abierto

Durante la Edad Media y a pesar de la intermediación de monjes, nobles y reyes, el concejo abierto logró mantener, de forma variable y según las épocas, un alto grado de autogobierno. En las tierras que ocupan la actual Cantabria, pertenecientes por aquel entonces a las Merindades de Castilla, existía el régimen de ‘behetría’, mediante el cual las comunidades podían elegir libremente al Señor que los defendiese. Este último estaba al mando de lo que podríamos calificar como un ’ministerio de defensa municipal’ que le daba derecho a ciertas retribuciones. Esta figura señorial, elegida por el pueblo, fue desvirtuándose progresivamente hasta su total desaparición debido a la presión de la nobleza y la Casa Real.

Más adelante, la Constitución Española de 1812 suprime toda personalidad jurídica al concejo abierto e impone los ayuntamientos, que en esencia pueden considerarse como mera continuación del concejo cerrado oligárquico que se había ido constituyendo desde el siglo XIV en las grandes villas y ciudades. Sin embargo, la precariedad en la que se encontraban los primeros ayuntamientos españoles hizo que durante los siglos XIX y XX se dedicaran casi exclusivamente a la recaudación de impuestos, dejando en manos de los vecinos la gestión de los bienes comunales mediante concejo.

Finalmente, la constitución española de 1978, así como la Ley de Bases de Régimen Local de 1985, vuelven a reconocer la figura del concejo abierto, pero limitándolo a entidades locales de no más de 100 vecinos. Este sucedáneo del concejo primigenio ya no es una asamblea vecinal soberana, pues queda subordinada a la compleja legislación estatal, autonómica y europea. En el estado español existen 984 pueblos cuyos ayuntamientos se organizan de esta forma colectiva.

Fuentes:

El norte de Castilla

Diagonal


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