Trabajo temporal = menos paro


Lo que a finales de 2008 parecía un desplome únicamente del sector de la construcción ha pasado a incidir en todos los sectores económicos. La baja confianza de la población, y el importante retroceso del consumo, han provocado una espectacular caída de la demanda, tanto interna como externa, por lo que las necesidades de producción se han visto reducidas en la misma medida y, por tanto, las empresas han necesitado reducir sus plantillas para ajustarlas a los niveles de producción actuales. No sólo son las personas con un contrato temporal las que han perdido su empleo, sino que muchos trabajadores que se encontraban bajo una relación laboral de carácter indefinido también han pasado a estar en situación de desempleo. Los más jóvenes, como no podía ser de otra forma son los que se ven más perjudicados. Los proyectos empresariales requieren, para su viabilidad y permanencia en el tiempo, de trabajadores cualificados y altamente motivados por su trabajo. De esta forma, los trabajadores se encontrarán más implicados con los objetivos y filosofía de la empresa y, como consecuencia, serán más productivos y, por tanto, reportaran mayores beneficios para la misma. Algo que al parecer le cuesta entender a las empresas. La reducción de las tasas de temporalidad y desigualdad en cuando al género y edad, gracias al Plan de Estabilidad en el Empleo de 2007 no fue más que un espejismo. Existe una relación directa entre la tasa de temporalidad y el paro; los primeros asalariados que pasan a encontrarse en situación de desempleo son aquellos que se encontraban unidos a las empresas bajo contratos de carácter temporal. La necesidad de reducir costes, ante el descenso de la demanda y, por tanto, de la producción, ha llevado, en el mejor de los casos, a no renovar los contratos temporales, manteniéndose en las empresas tan solo los trabajadores con contratos indefinidos. Pero sigue siendo necesario recordar que la posibilidad de convertir situaciones de crisis en oportunidades de futuro se encuentra en manos de personas arriesgadas y emprendedoras. Ahora más que nunca se hace necesario potenciar estas conductas y cultivar en nuestra comunidad una cultura emprendedora, porque, como ya sabemos, las crisis son oportunidades de cambio.

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