Arturo Pérez-Reverte en el FIP de Granada


“Estamos viviendo el final de un proceso. Occidente se acaba tal y como lo conocemos.”

Por Kike Gómez

Con los aplausos resonando en las paredes del auditorio Manuel de Falla de Granada, Arturo Pérez-Reverte saludaba tímido, con sonrisa estudiada y miradas rápidas y fugaces hacia los diferentes y repletos graderíos, a los asistentes que le esperaban en la inauguración del Festival de Poesía de la ciudad andaluza.

Una mesa con una botella de vino y tres sillas alrededor de ésta, esperaban en el centro del escenario al escritor de mayor éxito de la literatura en castellano actual, y a sus dos acompañantes: Rafael de Cózar y Pepe Belmonte. La luz descendió alrededor del centro de interés, para condensar toda la atención en la conversación que durante algo más de una hora mantuvieron los tres amigos.

Cultura, educación, pesimismo, guerra, horror, decadencia, república… No faltó ninguno de los temas que se concentran en las tramas de las novelas de Arturo Pérez-Reverte, en sus artículos semanales o en cualquiera de las conferencias en las que, de vez en cuando, interviene.

Era una promesa para sus contertulios, así que con los versos del poema: Amablemente, de Iván Díez, comenzó su discurso para hablar sobre lo políticamente correcto. Tema que fue introducido con una pregunta directa de Pepe Belmonte. “Estos versos, a pesar de ser técnicamente perfectos, hoy estarían prohibidos en la escuela, por machistas”, explicó, “mientras que con un profesor culto, que sepa enseñar, con esas líneas podría llevar a un debate muy enriquecedor a sus alumnos”.

“El pintor de batallas” centró buena parte de la charla. Libro que, Pérez-Reverte confesó, era el menos profesional –en cuanto a preparación-, pero el que más importancia tenía para él, por lo analgésico de su escritura. Dio un dato interesante: esta obra es la que menos se ha vendido de todas (mas de 20).

También instó a los futuros escritores, a que vivan antes de intentar publicar. No acepta manuscritos de menores de 25 años porque no cree que aporten nada novedoso. “Han de encontrar su propia mirada sobre el mundo”, aconsejó.

Son muchos los titulares que dejó a lo largo de la charla. Frases y comentarios que, semana tras semana, deja entrever en sus charlas en twitter. “Soy un republicano resignado”, comentó después de recordar cariñosamente a su abuelo republicano y también de advertir que las repúblicas no son solo de izquierdas, y que desconfía de los que ahora ondean la tricolor con tanto desparpajo.

Muchos temas, excepto Alatriste. Pérez-Reverte se confesó “cansado” y “aburrido” de hablar sobre su creación más carísmatica y popular. Halando de personajes, “Corso” , dijo,  “es el más completo”. Pero su favorito, por el que tiene especial predilección, es el protagonista de “El maestro de esgrima”, Jaime Astarloa.

Vargas Llosa ha puesto un tema sobre la mesa en las últimas semanas, con la publicación de su ensayo “La civilización del espectáculo”: la banalización de la cultura, su decadencia y la ligereza con que se usa esa palabra. Reverte también tiene si opinión propia, “La cultura debe ser fluida para aquel que la busca”. Además, afirmó tajantemente que la cultura es de élite, que no existe la cultura popular, que sería ingenuo pensar lo contrario. “Lo que existe es el acceso de las masas a la cultura. ¿Por qué debe haber 50.000 personas viendo un cuadro de Goya sencillamente porque la visita al museo entra dentro de un paquete turístico?”, se preguntó. “La cultura hay que buscarla, pero vivimos bajo la demagogia de que hay que hacer descender la cultura a nivel de lo popular, que es como llevar a Belén Esteban al Prado para que la gente vaya a visitar el museo”.

Sobre el nivel cultural de los políticos dejó entrever una pésima opinión en general, aunque dijo, “siempre se salvan algunos”. Eso sí,  no dió nombres. En definitiva, explicó que para ser llegar a ser político “tienes que pasar muchos filtros que te quitan muchas cosas: dignidades…”. Lo dice por experiencia, ya que él mismo consideró haber pasado años entre filtros que también le limpiaron profundamente.

Amablemente

La encontró en el bulín y en otros brazos…
Sin embargo, canchero y sin cabrearse,
le dijo al gavilán: “Puede rajarse;
el hombre no es culpable en estos casos.”

Y al encontarse solo con la mina,
pidió las zapatillas y ya listo,
le dijo cual si nada hubiera visto:
“Cebame un par de mates, Catalina.”

La mina, jaboneada, le hizo caso
y el varón, saboreándose un buen faso,
la siguió chamuyando de pavadas…

Y luego, besuqueándole la frente,
con gran tranquilidad, amablemente,
le fajó treinta y cuatro puñaladas.

Iván Diez

Video en el Ideal de Granada

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