La mano invisble. Isaac Rosa


Por: Kike Gómez

Pasamos por la vida clavando la mirada en aquellas personas que se cruzan con nosotros por la calle, sin prestar mucha más atención que a esos ojos grandes y brillantes, a los labios carnosos, al movimiento del pelo ondulado con el viento o a ese modo peculiar de andar y mover las caderas. Quizá, una vez que desaparecen a la espalda, nuestra imaginación empiece a vagar tratando de adivinar de dónde vienen o a dónde van todas esas personas. Es probable que tratemos de guiarnos por su aspecto, su mirada o sus rasgos para colocarlas en ese lugar donde desempeñarán su actividad diaria. Un uniforme, un delantal, gafas graduadas, casco de obra, micrófono, cinturón de seguridad… Esos son los datos clave de la persona con la que nos acabamos de cruzar. Si adivinamos eso ya lo tenemos todo. Y es que nuestras vidas se reducen a eso: a nuestro ámbito laboral. Lo que queda fuera no es nuestra vida, si no el tiempo de espera para volver a recuperar nuestra verdadera identidad.

Esto es lo que, con una escritura magnifica, ágil y entretenida, describe Isaac Rosa en su último libro: La mano invisible. Una guía imprescindible para turistas y ociosos que quieran reconocer, en esos encuentros urbanitas y casuales, a cuanto espécimen zoológico o mitológico le llame la atención de todo ese caudal de «homo laborum» que pueblan masivamente las calles de las ciudades occidentales. Esa plaga que amenaza con extinguir a los pocos «homo sapiens» que quedan.

La novela de Isaac Rosa es una historia valiente, contada con honestidad y que, sin querer —por la impecable y fiel descripción de la realidad—, alguien puede considerar repleta de tópicos u obviedades. Pero eso es, precisamente, lo que la hace magnífica e imprescindible. Cualquiera que quiera recuperar un poco de perspectiva sobre su situación en el mundo ha de leer esta novela. Cualquiera que busque un poco de consuelo por la perdida de su inocencia laboral, por haber sufrido la eclosión de sus sueños fuera de tiempo y lugar, o por verse impotente ante el bucle: trabajo para vivir, vivo para trabajar, al que este tipo de sociedad nos avoca, ha de leer este libro.

Como dice su contraportada: «Isaac Rosa arranca desde un primer plano para abrir progresivamente un punto de vista que dejará al descubierto su excepcional planteamiento y nuestro admirado asombro». Un punto de vista que no es otro más que el nuestro, como si estuviésemos sentados en la grada de un gran estadio pensando que estamos fuera de esa dinámica. Respirando aliviados por que esos que vemos trabajando no somos nosotros; que nuestros 500 o 1000 o 2000 euros al mes a cambio de dejarnos parte, o toda, la vida en el puesto de trabajo, compensan. ¿Eso es lo que vale nuestra vida? ¿Quién decide el precio? ¿Dónde está esa mano invisible? Esa es la gran pregunta que nos deja el autor burbujeando en nuestra cabeza.

Éste es un buen momento para la lectura de «La mano invisible». Para reflexionar sobre el mundo laboral que espera a todos los que buscamos un puesto de trabajo y para recapacitar sobre cuál es nuestra complicidad con esa mano que mueve los hilos.

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