La habitación oscura. Isaac Rosa


Dibujo_610Por: Kike Gómez

La oscuridad como refugio. Esa es la principal virtud y utilidad de La habitación oscura. De forma literal y figurada. En el texto de Isaac Rosa, la “habitación oscura” es el lugar donde refugiarse del exterior para un grupo de amigos. No al principio cuando, veinteañeros, todo eran risas y ese rincón opaco era utilizado para practicar sexo anónimo sin consecuencias. Pero sí más tarde, ya pasados los treinta, a partir del momento en que todo se torció con la crisis económica y cuando no había sitios donde poder encontrar un momento de descanso, para vidas que caían como plomo desde la altura a la que les habían llevado el progreso y el consumo desenfrenado. Hasta ahí en la ficción, porque en la realidad, La habitación oscura también sirve de refugio para los lectores que reconocen en su propia biografía elementos o similitudes con los protagonistas, cuyas vidas, del mismo modo, han dado un vuelco en los últimos años. Inmersos en esa oscuridad, Isaac Rosa consigue hacer ver cómo muchos de los nacidos y crecidos en los años ochenta, nos movemos como chiquillos asustados, sin capacidad para afrontar las situaciones y dilemas que a cada momento se nos presentan, buscando un lugar bajo la cama de nuestros padres, en el que cerrar los ojos y hacer desaparecer nuestro mundo. Ese es el principal punto en común de una generación que durante los años de bonanza económica perdió toda su capacidad crítica sobre la sociedad y el mundo que le tocaba vivir y también el empuje por cambiar las cosas, por crear un todo más justo y solidario, dada, con más facilidad, a la pereza, al individualismo o al todo llegará con esfuerzo pero sin escrúpulos (competitividad). Aunque es cierto que de ese punto de partida hubo una pequeña escisión. En La habitación oscura, en el refugio, no entran todos. También existen, aunque en menor medida, los que eligen la otra opción: la de la lucha y el enfrentamiento, sin dejar de lado las armas que ofrece la tecnología y el espionaje empresarial -segunda trama de la novela-. Ahí está el dilema al que invita Isaac Rosa: ¿eres de los que entran en la “habitación oscura” o de los que combaten?

Si hay que poner un punto negativo, es que a la novela se le tienen que hacer ciertas concesiones en algunas situaciones, un tanto inverosímiles entre tanta oscuridad. Pero son detalles irrelevantes en cuanto que la propuesta de reflexión que Isaac Rosa deja en sus 248 páginas, es tan directa y profunda que hace de su argumento un mero acompañamiento.

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