Ya no tienen miedo


images.duckduckgo.comYa hace más de un año que visité Palestina, Cisjordania en concreto, pero recuerdo muy bien una de las primeras impresiones que tuve nada más llegar allí: la resignación de los palestinos frente a su presente y su futuro inmediato. Después de meses preparando intensamente el viaje con lecturas, documentales y todo el material que caía en mis manos sobre el conflicto palestino-israelí me quedé desolado al comprobar lo sencillo que era todo en realidad. Solo había que responder a una pregunta: ¿Por qué Israel no acaba con los palestinos de una vez por todas en lugar de ir poco a poco?

Nada de lo que ocurre en los territorios palestinos es ajeno al ojo omnipresente de Israel. El estado sionista juega con las vidas y la dignidad de los palestinos. La pobreza, la inanición, el aburrimiento, la dejadez, las muertes… todo allí es fruto de lo que Israel concede o requisa. Entonces, ¿por qué prolongar ese sufrimiento a la población palestina si puede conseguir lo que quiere en un par de horas –apurando mucho-?

Después de cada conversación o entrevista que tuve en ciudades como Ramalla, Hebrón, Nablus… siempre intentaba contestar esa pregunta: ¿Por qué Israel no acaba con todo de una vez? Las respuestas siempre eran las mismas y no me sorprendían dada su lógica: Israel lo hace de poco en poco por temor a una respuesta internacional.

Esa respuesta “lógica” me sirvió durante un año, pero hoy las cosas han cambiado. Del 2013 al 2014 ha ocurrido algo importante al tiempo que acontecía otra de forma global. La crisis económica o civilizatoria o como se la quiera llamar ha dado paso a algo muy importante: nuestro silencio. Y eso, desde mi punto de vista, es fundamental para explicar lo que sucede en Gaza hoy en día.

Es probable que el asalto democrático al que estamos asistiendo en países como Grecia, España o Portugal por parte de las élites financieras y políticas se haya visto espoleado ante la falta de respuesta por parte de nosotros los ciudadanos. Esas élites son como niños que han perdido el miedo al agua, a la bicicleta o a los gatos ante la falta de riesgo una vez controlado el factor disonante. Si nadie les pone límites irán hasta lo más profundo que puedan, lo más lejos que puedan y harán rabiar al gato siempre que este no les arañe. No tienen miedo a lo que tienen delante: no nos tienen miedo. Al menos, no a la sociedad que somos ahora.

EEUU, ni ningún otro país, ya no puede erigirse como policía mundial e Israel lo sabe. Israel también ha perdido el miedo. La respuesta que me daban los palestinos sobre la razón porque no acababa con Palestina de una vez ya no es válida. Existirán otros motivos, pero ya no es el miedo el que contiene a Israel.

Afortunadamente Gaza, y el pueblo palestino tampoco tiene miedo. O el miedo que sienten no le paraliza. Otra de las cosas que comprobé en mis semanas en Cisjordania fue que a pesar de estar poseídos por una fuerte resignación, los palestinos nunca iban a dejar de luchar. Hasta que les quede un soplo de aliento nacerán dos niños por cada uno que sea asesinado y edificarán sus casas el doble de alto por cada piso que derriben. O esa es mi impresión. Tienen la libertad de saber que su futuro, si nadie les ayuda, ya está escrito. Pero me pregunto, ¿cómo de improvisado será el nuestro si no nos ayudamos mutuamente?
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