Categoría: Libros

Periodismo y lucha de clases. Camilo Taufic


05_PeriodismoyluchadeclasesManual imprescindible de periodismo para todos aquellos que se encuentren en la facultad. También para los que han salido de ella hace poco o para los que los recuerdos de facultad le resultan ya muy lejanos.

“Las noticias son mandatos, el periodismo una forma de dirección social”. Todo el libro gira en torno a esta idea, pero expandiendo su circulo de acción a infinidad de temas para dar respuesta a todas esas preguntas que cualquier estudiante, interesado mínimamente por su futura profesión, se hace durante los años que dura su formación. Probablemente también una vez terminados.

En muchas facultades no se cuestionan -lo dan por hecho- la existencia de la objetividad en una noticia, o en el propio sujeto, periodista. Camilo Taufic habla sobre ello, lo argumenta, convence. En esas facultados tampoco se discute -se da por hecho también-, sobre si la libertad de prensa es como es y es así como debe seguir. Ni siquiera se explica la figura del periodista; ¿qué cualidades tiene que tener un “buen” periodista?

Quizá, pedir esto ya sería demasiado. Que una facultad de periodismo, y su profesorado, se cuestione su propia existencia, sería pedir peras al olmo. Pero, Camilo Taufic lo hace.

 Para quien le apasione el periodismo y quiera seguir aprendiendo, esta es una lectura obligada.

http://www.akal.com/libros/Periodismo-y-lucha-de-clases/9788446036166

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El hombre que estaba allí. Daniel Suberviola y L. Felipe Torrente


431516288_640Por: Kike Gómez

Eres un detective que sigue la pista de un hombre desaparecido: Manuel Chaves Nogales; tienes que preguntar y preguntar e ir conformando un retrato sobre la persona que buscas porque apenas sabes nada. Hay pocos documentos gráficos, pocas pistas. Libros censurados o ediciones antiquísimas difíciles de localizar; artículos en prensa perdidos por Latinoamérica… pero a base de insistencia y preguntas, poco a poco, irás consiguiendo tu propósito. Cada entrevista irá indagando en un aspecto de su figura: vida profesional; vida personal; enfoque de los reportajes; perfil político; inquietudes…

Una novela de misterio, un informe policial o juego de intriga. “El hombre que estaba allí” está construido de tal manera que al finalizar la última de las cinco entrevistas, de las que está compuesto, no quedas satisfecho. Quieres saber más, quieres conocer por qué un periodista independiente y comprometido únicamente con sus propias ideas, desapareció del panorama intelectual y académico de las últimas décadas, desde el día de su muerte. ¿Por qué desapareció el periodista ideal, la imagen de periodista que siempre se busca fuera de las fronteras de este país?

Al finalizar el libro, te das cuenta de que la biografía de Chaves Nogales es una de esas que se explican a través del juego de la historia. Una vida que estuvo férreamente unida a la Historia. Porque la Historia no hubiese sido igual sin Chaves Nogales y él hubiese sido diferente si los acontecimientos del siglo XX hubiesen sido otros.

Es un excelente complemento al documental que, para mi gusto, se queda corto a la hora de transmitir la importancia de conocer, en nuestros días, el trabajo de Chaves Nogales, y los valores con los que se identifica.

La habitación oscura. Isaac Rosa


Dibujo_610Por: Kike Gómez

La oscuridad como refugio. Esa es la principal virtud y utilidad de La habitación oscura. De forma literal y figurada. En el texto de Isaac Rosa, la “habitación oscura” es el lugar donde refugiarse del exterior para un grupo de amigos. No al principio cuando, veinteañeros, todo eran risas y ese rincón opaco era utilizado para practicar sexo anónimo sin consecuencias. Pero sí más tarde, ya pasados los treinta, a partir del momento en que todo se torció con la crisis económica y cuando no había sitios donde poder encontrar un momento de descanso, para vidas que caían como plomo desde la altura a la que les habían llevado el progreso y el consumo desenfrenado. Hasta ahí en la ficción, porque en la realidad, La habitación oscura también sirve de refugio para los lectores que reconocen en su propia biografía elementos o similitudes con los protagonistas, cuyas vidas, del mismo modo, han dado un vuelco en los últimos años. Inmersos en esa oscuridad, Isaac Rosa consigue hacer ver cómo muchos de los nacidos y crecidos en los años ochenta, nos movemos como chiquillos asustados, sin capacidad para afrontar las situaciones y dilemas que a cada momento se nos presentan, buscando un lugar bajo la cama de nuestros padres, en el que cerrar los ojos y hacer desaparecer nuestro mundo. Ese es el principal punto en común de una generación que durante los años de bonanza económica perdió toda su capacidad crítica sobre la sociedad y el mundo que le tocaba vivir y también el empuje por cambiar las cosas, por crear un todo más justo y solidario, dada, con más facilidad, a la pereza, al individualismo o al todo llegará con esfuerzo pero sin escrúpulos (competitividad). Aunque es cierto que de ese punto de partida hubo una pequeña escisión. En La habitación oscura, en el refugio, no entran todos. También existen, aunque en menor medida, los que eligen la otra opción: la de la lucha y el enfrentamiento, sin dejar de lado las armas que ofrece la tecnología y el espionaje empresarial -segunda trama de la novela-. Ahí está el dilema al que invita Isaac Rosa: ¿eres de los que entran en la “habitación oscura” o de los que combaten?

Si hay que poner un punto negativo, es que a la novela se le tienen que hacer ciertas concesiones en algunas situaciones, un tanto inverosímiles entre tanta oscuridad. Pero son detalles irrelevantes en cuanto que la propuesta de reflexión que Isaac Rosa deja en sus 248 páginas, es tan directa y profunda que hace de su argumento un mero acompañamiento.

Entradas relacionadas: La mano invisible

El Informe Lugano II – Susan George (Reseña)


imagesPor Kike Gómez

Publicado en 1531, “El Príncipe” de Maquiavelo, dedicado a Lorenzo II de Medici, se convirtió en una guía para el pueblo llano, con la que conocer la estrategia que la monarquía y las élites dominantes seguirían para mantener el poder de forma “vinculante y eterna”[1].

Pero si la idea de Maquiavelo era esa -dotar a la masa social de la capacidad consciente para revelarse en contra del autoritarismo-, el tiro le salió por la culata, ya que han sido muchos los hombres de negocios y financieros los únicos que supieron aprovecharse de esos consejos en forma de libro, sin que el pueblo supiese organizarse, ni revelarse.

Este año 2013, casi 500 años después, apenas comenzado el siglo XXI, aparece una nueva obra “maquiavélica” camuflada en forma de un informe ficticio llamado: “Informe Lugano II”. Es la segunda parte de un informe encargado por las élites dominantes del mundo occidental, en el que se preveían muchas de las situaciones a las que la sociedad capitalista ha llegado a día de hoy, así como la situación explosiva del medio ambiente o la fragilidad de las democracias y el Modelo Ilustrado (MI). Su intención era responder a la pregunta: ¿Cómo conseguir perpetuar el modelo neoliberal capitalista?

En este nuevo informe se procura dar respuesta a otra pregunta: ¿Cómo superar la crisis sin que se debilite el dominio de las élites capitalistas? Por lo tanto, con Informe Lugano II se completa, también, la segunda parte, actualizada para el siglo XXI, de ese libro publicado en 1531, escrito por Maquiavelo.

Lectura obligatoria para quienes quieran conocer cuál es la deriva de los procesos agresivos que se están dando contra el estado del bienestar, las democracias y las libertades conseguidas tras la época de la Ilustración, para dejar paso al nuevo Modelo Elitista Neoliberal (MEN).

Si quieren tener éxito, si no quieren una masa enfurecida, encolerizada e imprevisible deben dejar de lado las políticas agresivas y dar paso a una camuflada estrategia de “Pan y circo” moderna, en la que las manifestaciones en contra del sistema sean lo más fragmentadas posibles –medio ambiente, homosexualidad, nacionalismos, sanidad, educación, paro…-, cumpliendo la nunca perecedera máxima de: Divide y vencerás.

La sociedad debe ser consciente, como mínimo, de cuánta libertad quiere y de qué calidad. O lo que es lo mismo, de cuanto pan y cuanto circo está dispuesta a tragar asumiendo las consecuencias. Este libro, al menos, debería servir para ello.


[1] Denominación de Angela Merkel al “Tratado de estabilización, coordinación y gobernanza” en la UE.

Presentación en el Ateneo de Madrid con Iñaki Gabilondo

 

Eduardo Galeano “Los hijos de los días”. Presentación en Bilbao


Por: Kike Gómez

Con una hora de antelación y en una cola que recorría longitudinalmente la nueva fachada restaurada del teatro «Campos Elíseos» de Bilbao, seiscientas personas esperaban para entrar en la nueva máquina del tiempo que recientemente ha creado el escritor uruguayo Edurado Galeano.

Se trata de un artefacto de 431 páginas denominado: «Los hijos de los días».

Mientras las butacas disponibles se iban ocupando, el protagonista de la velada aguardaba sentado en el centro del escenario, junto a una mesa con una copa y una botella de agua, ordenando sus apuntes con los que nos trasportaría por espacios, lugares y tiempos lejanos, olvidados o desconocidos, durante el viaje en el que veríamos el mundo del revés, lo volveríamos a voltear y de nuevo al revés para que cuando acabase no supiésemos exactamente cómo estábamos en un principio. La voz potente, profunda y delicada usada con esa calma latinoamericana dándose «tiempo para perder el tiempo», hipnotizaba a los asistentes que no podían reprimirse y aplaudir en cada estación de ese viaje lleno de ironía y reivindicación. Eduardo Galeano enlazaba una «historia» con otra para trasladarnos por los días de un único calendario pero que correspondía a diversos años al mismo tiempo, y a diferentes países y ocasiones. A través de esos momentos del pasado y del presente nos pudimos observar cometiendo errores, ver e intuir el futuro que nos aguarda —como Mr. Scrouch en Cuento de Navidad—, si no le damos la vuelta al mundo y lo conseguimos enderezar.

Fue una noche llena de «homenajes» (Rosa Luxemburgo, madres robadas, Palestina, el descubrimiento de América, indignados… también para el fútbol),  pero además, de «silencio», quien para el autor posee la comunicación más perfecta.

La única pega que se le podía poner a la velada vino justo al principio, cuando los organizadores anunciaron que Eduardo Galeano, por problemas técnicos, no podría quedarse al final para la firma de ejemplares. Un palo gordo para los asistentes que minutos antes del comienzo abarrotaban las librerías cercanas agotando los ejemplares de «Los hijos de los días». A pesar de todo, el encuentro acabó con dos minutos de silencio, rotos únicamente por los aplausos del público —puesto en pie— y los de Eduardo Galeano. Abracadabra.

Entrevista a Eduardo Galeano

La mano invisble. Isaac Rosa


Por: Kike Gómez

Pasamos por la vida clavando la mirada en aquellas personas que se cruzan con nosotros por la calle, sin prestar mucha más atención que a esos ojos grandes y brillantes, a los labios carnosos, al movimiento del pelo ondulado con el viento o a ese modo peculiar de andar y mover las caderas. Quizá, una vez que desaparecen a la espalda, nuestra imaginación empiece a vagar tratando de adivinar de dónde vienen o a dónde van todas esas personas. Es probable que tratemos de guiarnos por su aspecto, su mirada o sus rasgos para colocarlas en ese lugar donde desempeñarán su actividad diaria. Un uniforme, un delantal, gafas graduadas, casco de obra, micrófono, cinturón de seguridad… Esos son los datos clave de la persona con la que nos acabamos de cruzar. Si adivinamos eso ya lo tenemos todo. Y es que nuestras vidas se reducen a eso: a nuestro ámbito laboral. Lo que queda fuera no es nuestra vida, si no el tiempo de espera para volver a recuperar nuestra verdadera identidad.

Esto es lo que, con una escritura magnifica, ágil y entretenida, describe Isaac Rosa en su último libro: La mano invisible. Una guía imprescindible para turistas y ociosos que quieran reconocer, en esos encuentros urbanitas y casuales, a cuanto espécimen zoológico o mitológico le llame la atención de todo ese caudal de «homo laborum» que pueblan masivamente las calles de las ciudades occidentales. Esa plaga que amenaza con extinguir a los pocos «homo sapiens» que quedan.

La novela de Isaac Rosa es una historia valiente, contada con honestidad y que, sin querer —por la impecable y fiel descripción de la realidad—, alguien puede considerar repleta de tópicos u obviedades. Pero eso es, precisamente, lo que la hace magnífica e imprescindible. Cualquiera que quiera recuperar un poco de perspectiva sobre su situación en el mundo ha de leer esta novela. Cualquiera que busque un poco de consuelo por la perdida de su inocencia laboral, por haber sufrido la eclosión de sus sueños fuera de tiempo y lugar, o por verse impotente ante el bucle: trabajo para vivir, vivo para trabajar, al que este tipo de sociedad nos avoca, ha de leer este libro.

Como dice su contraportada: «Isaac Rosa arranca desde un primer plano para abrir progresivamente un punto de vista que dejará al descubierto su excepcional planteamiento y nuestro admirado asombro». Un punto de vista que no es otro más que el nuestro, como si estuviésemos sentados en la grada de un gran estadio pensando que estamos fuera de esa dinámica. Respirando aliviados por que esos que vemos trabajando no somos nosotros; que nuestros 500 o 1000 o 2000 euros al mes a cambio de dejarnos parte, o toda, la vida en el puesto de trabajo, compensan. ¿Eso es lo que vale nuestra vida? ¿Quién decide el precio? ¿Dónde está esa mano invisible? Esa es la gran pregunta que nos deja el autor burbujeando en nuestra cabeza.

Éste es un buen momento para la lectura de «La mano invisible». Para reflexionar sobre el mundo laboral que espera a todos los que buscamos un puesto de trabajo y para recapacitar sobre cuál es nuestra complicidad con esa mano que mueve los hilos.

Luz de vísperas. Mauricio Wiesenthal


Por: Kike Gómez

Todavía, después de las más de 1000 páginas en que está compuesta la novela, me cuesta no ponerle la cara de Stefan Zweig a su protagonista (Gustav Mayer) por el gran parecido y los cientos de guiños del autor hacia el escritor austriaco: ambos judíos, ambos escritores, ambos exiliados, ambos viven en Viena, títulos similares de obras clave en su bibliografía como Jeremías y El mesías respectivamente…

“Luz de vísperas”, trata de novelar una época: “El mundo de ayer”, el mundo que se empezó a diluir al comienzo de la Primera Guerra Mundial. Un mundo ahora imaginario pero que fue real, regido por unas normas y unos valores que nos diferenciaban -a los europeos-, y que a la vez nos unían a través de la cálida brisa de los vientos que llegaban del mediterráneo, acariciando primero los montes griegos y romanos dispersando su saber en diferentes lenguas. Apenas 50 años bastaron para que cambiara por completo, y de forma drástica, todo el imaginario bajo el que se asentaba nuestra cultura, arrasada ahora por el capitalismo; el verdadero ganador de las dos guerras mundiales, junto con su padre adoptivo: EEUU.

A través de la imaginación de Gustav Mayer, que vuelve la vista atrás en el momento en que va a recibir el Novel de literatura por parte de la academia sueca, se nos aparecen sus libros, sus amores, sus amistades… aparece todo dibujado con impresionante precisión página tras página, hasta el punto de llegar a confundir al lector y hacerle pensar si en realidad Gustav, es un personaje real, si, en realidad, en el circulo de amistades de Rilke, de Mann, de Zweig, no había un escritor más, llamado Gustav Mayer.

Son varias las ocasiones en las que les podemos ver a todos juntos debatiendo sobre política, filosofía, literatura… charlas que no queremos que acaben nunca para poder seguir inmersos en aquellos años duros, pero tan apasionantes para la humanidad, atrapada en el dilema de la acción y el pensamiento.

En la segunda parte de la novela, después de introducirnos en la época, y dejarnos pasear, pensar y amar con todos aquellos intelectuales, Wiesenthal cumple otro de sus sueños personales, al trasladarse -y nosotros con él-, a los montes suizos, a la Engandina; donde Nietzsche pasó algunos años y donde “conoció” y escribió “Así hablaba Zaratustra”. Una excusa para que Gustav acabe allí. Pero bien pudiera ser que Mauricio Wiesenthal, eligiese ese escenario por otro motivo diferente. Es posible que al autor de “Luz de vísperas”, no le importase pasar un tiempo en los Alpes Suizos -durante alguno de los 33 años que tardó en escribirla-, en aquel famoso Sanatorio Internacional Berghof. Es posible que mientras dejaba la tinta de sus bolígrafos sobre el papel en el hotel en que residía, echase de vez en cuando un vistazo por la ventana para ver, si por azar, cazaba a aquel joven curioso llamado Hans charlando con su amigo Settembrini.

Una novela que se divide bien en dos bloques, un bloque más lírico, que da pie a la melancolía y a la nostalgia de un tiempo que no llegamos a conocer, los que ahora transitamos por éste. Y una parte más épica, en la que nos hace replantear, quiénes fueron los vencedores y quiénes los vencidos de las grandes guerras del siglo XX. Si de verdad solo hubo un vencedor y solo un derrotado ya que el mundo se ha ido reduciendo hasta tal punto, en que ahora todo nos parece de dos colores: blanco y negro o al revés, cuando aquí, en menos de lo que ocupa el territorio de China y Rusia juntas, convivieron cientos de culturas e identidades que hoy han acabado mezcladas, al pasar forzadamente, por el embudo de la modernidad.