Categoría: Reportajes

Teatro Romano Nablus


Teatro Romano de Mérida
Teatro Romano de Mérida (Photo credit: Wikipedia)

Arqueología para el presente

El teatro romano de Nablus (Cisjordania), datado del siglo II a.C., se encuentra en un estado de abandono similar al de la propia población palestina

Kike Gómez

Si estuviésemos jugando a esa técnica psicológica de las asociaciones de palabras —muy divertida por otra parte—, en el momento en que apareciese la palabra Mérida, la gran mayoría respondería un rapidísimo teatro o teatro romano si el que responde suele jugar al trivial también. Si el juego continuase y saliese la palabra Nablus, pocos acertarían a responder algo, y los demás recriminarían al que la hubiese propuesto que utilizase palabras que no existen o cultismos que apenas nadie conoce. Si en su lugar se presentase la palabra Palestina, el abanico de posibilidades de respuesta sería mucho mayor; por ejemplo: piedras, guerra, Israel, terrorismo… Cualquier cosa de esas valdría ante la idea de un país, de un territorio o una tierra de la que se desconoce casi todo, a pesar de estar continuamente en boca y tinta de periódicos y televisiones.

Volviendo a Nablus, muy pocos saben que bajo esa falsa palabra inventada o ese cultismo extraño, se esconce el nombre de una de las ciudades más grandes de Palestina. Las calles de esta ciudad, situada al norte de Cisjordania, se asientan sobre restos del periodo otomano y también sobre los restos de sus fundadores: los romanos. De esa época, como Mérida, Nablus alberga un teatro justo a la salida de su casco antiguo o ciudad vieja.

En Nablus es casi imposible encontrar un mapa con el que rastrear las callejuelas de zoco o seguir la pista de los lugares de mayor interés turístico como puede ser el teatro. Si tenemos suerte y nos hacemos con uno, lo difícil será encontrar el cartel con el nombre de las calles colgados en las esquinas. Si persistimos en la búsqueda y preguntamos a los vecinos, las indicaciones serán imprecisas, pero poco a poco nos iremos acercando al punto caliente.

Para poder visitar el Teatro Romano de la ciudad extremeña se necesitan 12 euros, seis si es entrada reducida. Suficiente dinero con el que podríamos entrar al cine con unas palomitas, ir a tomarnos un par de copas o, quizá, pagar un menú extra grande de cualquier franquicia de comida rápida; pero esa misma cantidad convertida a la moneda que se usa en Palestina —unos 60 shequels—, supone una suma más importante. Se transforma en lo bastante como para alimentar a una familia de Nablus durante una semana, con su dieta habitual de fruta, arroz y verduras.

En Europa, —salvo excepciones como España— se ha invertido mucho dinero para recuperar piedras, huesos, edificios apenas reconocibles… procurando mantener en la memoria de las nuevas generaciones todos los periodos pasados de su historia. Un pueblo que no se preocupa por su pasado no tiene futuro, es lo que nos decían, lo que dicen muchos libros. Sin embargo, la puerta del teatro romano de Nablus es apenas visible para el turista que quiere llegar hasta él, camuflada tras la carrocería de viejos coches polvorientos. La verja que cierra el acceso recuerda a la de un corral de vacas abandonado, o uno que espera el regreso de los animales después de su tiempo de pasto. Después de empujar el hierro oxidado el espectáculo es desolador. Las columnas y arcos, que en Mérida todavía se yerguen al cielo, se esconden entre los rastrojos y la vegetación que crece libremente entre restos de capiteles. Se hace difícil caminar entre los vestigios de una cultura de la que se pueden leer algunas inscripciones perfectamente marcadas sobre los guijarros.

El teatro romano de Nablus es un tesoro arqueológico datado del siglo II a.C. Unos 150 años más antiguo que el teatro de Mérida. Menos espectacular, peor conservado pero, aun así, una joya para la humanidad.

Con un poco de imaginación, sentado donde en otro tiempo lo pudo estar algún romano palestino con su toga, se puede reconstruir piedra a piedra un edificio similar al que acoge las fronteras de Mérida y del que tanto presume. Sentado unos minutos más, bajo el revoloteo de los aviones militares israelíes en misión de observación —lo único que altera la paz allí—, se puede percibir el evidente abandono de esa magnífica huella de la evolución de la historia y, también, de la precaria situación en la que vive parte de la humanidad, del olvido de ciertos pueblos que transitan con dificultad por el siglo XXI.

Observando el descuidado recinto puede dar la sensación de que el pueblo palestino no quiere recordar de dónde viene, que prefiere dejar su pasado para que se lo coma el viento, el sol y la lluvia, que  lo oculten las malas hierbas; pero también es posible que la razón de la desidia a la que está condenado un lugar, que en otro país sería punto turístico principal, sea consecuencia de la dificultad que tienen los palestinos para reconocerse en el propio presente.

Fotos del Teatro Romano de Nablus aquí

¿Qué ocurre en Siria?


El cenagal sirio

mapa-israel-egipto-libano-jordania-iraq-iran-turquiaEn el auditorio de la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa de Vitoria-Gasteiz, el 19 de noviembre, Jesús Antonio Núñez Villaverde, coordinador del Instituto sobre Conflictos y Acción Humanitaria (IECAH), desarrolló un exhaustivo análisis sobre el conflicto que se está desarrollando en Siria desde marzo de 2011, dentro de lo que se ha dado en llamar “La primavera árabe”. Concepto que para este exmilitar resulta un tanto cómico, por paradójico, y es que todas las revueltas surgidas en Egipto, Túnez, Libia, Bahréin o Yemen prendieron su mecha en época invernal u otoñal. Además, aclara, que de los 22 países que forman la Liga Árabe, sólo 4, han conseguido derrocar sus dictaduras, con lo que para Villaverde, ese panorama no vive una etapa muy “floreciente”.

Para contextualizar un poco, Villaverde afirmó que la región es un caldo de revueltas que periódicamente surgen al calor de necesidades o demandas socio-políticas por parte de la población. En este sentido, la revuelta que se ha iniciado en 2011 se diferencia por su carácter, y es que la población no se muere de hambre o sed, ni siquiera claman en nombre de Alá; sino que lo que desea es el cambio político (como en los años 80), libertades, para derrocar a los dictadores que detentan el poder desde la descolonización tras la II Guerra Mundial. Estas movilizaciones tienen una característica importantísima: su carácter pacífico. Toda la violencia que se muestra en los conflictos la aportan los regímenes. “El problema es que a la violencia le contesta la violencia”, dice Nuñez Villaverde.

SIRIA

Es un invento francés, por lo tanto artificial, resultado de un acuerdo entre la propia Francia y Gran Bretaña con el que se dividía la región, de la que extraían Líbano (una zona con 18 religiones confesas). Para cualquier sirio, el Líbano sigue siendo parte de su territorio.

Para entender la situación hay que conocer las religiones allí existentes:

            –Suníes: (Tradición – Islam) La autoridad está en el libro y su interpretación es comunitaria.

        –Chiíes: (Se separa de la tradición) La interpretación del texto es codificado y no autoevidente. Hace falta un Ayatolá que lo interprete.

           –Alauíes: El alauismo cree en la llegada del Mesías (Al Mahdi, el duodécimo imán) al igual que el chiismo, con el cual comparte muchas prácticas y creencias.

           –Drusos: siguen patrones sociales muy similares a los de los árabes. La mayoría de los musulmanes de la región no los consideran musulmanes, aunque ellos defienden que su religión es islámica. La mayor parte de los drusos se considera árabe, no así algunos drusos israelíes.

            –Kurdos: los kurdos son en su mayoría musulmanes suníes, aunque una importante minoría todavía sigue la religión tradicional kurda, el Yazidismo.

            –Cristianos

Ahora bien, en Líbano existe un 70% de suníes y un 15% de chiíes, dejando el tanto por ciento restante para el resto de religiones.

En Siria el porcentaje de suníes es del 70% pero, sin embargo, el gobierno es chií. Esta es la clave del conflicto. El régimen no está solo, sino que está apoyado por las minorías que temen una mayoría suní. Además, ahora que es importador de petróleo y sufre una grave sequía (Altos del Golán, terreno donde está el agua, ocupado por Israel), el comercio apoya al régimen.

Entonces, pregunta Villaverde, ¿por qué no se interviene en Siria? Porque no interesa que el régimen se venga abajo, todos dicen: Veamos qué pasa.

¿Cuál es la postura del régimen entonces? Resistir a toda costa. Morir o matar. Bashar al Assad tiene un ejército muy poderoso y una policía de inteligencia muy entrenada, además de la milicia ciudadana con un exhaustivo conocimiento de quién es quién. Así, matando de poco en poco, da el mensaje y evita a la comunidad internacional.

En cuanto a los rebeldes, tratan de crear una oposición unificada que no se consigue. El Consejo Nacional Sirio, fue un fracaso al tratarse de disidentes que llevan fuera del territorio más de treinta años y que por lo tanto nadie conoce. La última tentativa, una nueva coalición, ha sido acusada de ser un instrumento de Washington.

INTERESES EXTERNOS

Los apoyos al régimen:

            –Irán: es un país Suní. Está ante su oportunidad para colocarse como líder de Oriente Medio.

        Rusia: apoya al régimen porque lo ve como un peón en el tablero contra Israel-EE.UU. Además, es un buen cliente de armas y, lo más importante, tiene su única base en el mediterráneo en Tartus. A Rusia solo le mueve el interés; no le importa que gobiernen suníes o chiíes.

Los “no” apoyos al régimen vienen de:

            –EE.UU (Europa): busca mantener la estabilidad en la región y que no afecte negativamente a Israel (enfrentada con Siria por la parte de los Altos del Golán en territorio Sirio). Además no puede empantanarse otra vez como le ha sucedido en Afganistán o Iraq. Por esta razón occidente no va a intervenir y también, por este motivo, al Assad tiene licencia para matar indefinidamente: “a ver quién se cansa antes”.

       –China: no quiere sentar precedente y así evitar que se metan en sus asuntos internos (Xinjiang, provincia musulmana e independentista que está siendo reprimida).

Los que están en contra del régimen:

            –Arabia Saudí: Es el principal líder Suní.

           –Turquía: que también es una potencia emergente Suní y no les gusta la idea de ver a Irán como líder de la zona. En todo caso una Siria Suní.

            –Qatar.

Si la oposición logra unirse, estos tres países alimentarán a los rebeldes. EE.UU también se unirá a este apoyo para comprobar si con eso -nuevo gobierno- es suficiente para no desestabilizar la zona. Despertar Siria significaría despertar el conflicto Kurdo y aumentar, por tanto, la dimensión del problema.

CLAVES

            -Oriente Próximo y Oriente Medio tienen las 2/3 partes de petróleo y ½ del gas mundial. Por lo tanto, esta región es una mina en cuanto a las fuentes energéticas, pero también una vía de tránsito para hacerla llegar a occidente.

            -EEUU (Europa) no quiere que el conflicto en Siria se convierta en un efecto dominó. De ahí sus reticencias a intervenir.

            -Oposición dividida en Siria, y Gobierno apoyado por las minorías que temen a la mayoría Suní.

            -Objetivo del Gobierno de al Assad: resistir a toda costa.

            -Se puede hacer un paralelismo del enfrentamiento ideológico Suní-Chií con el de los católicos y protestantes.

Saber más aquí

El yankee comandante


—Una traducción con comentarios— Por Ryan Kozin

En este espacio virtual hablamos mucho del cine, la literatura, y política.  Así que cuando nos venga un tema que englobe los tres, nos gusta aprovecharlo.  Y esto es lo que tenemos aquí: la historia de William Alexander Morgan. Una historia que parece ser complemente de ficción.  Cubre multitud de temas —los mas notables: amor, revolución y traición—.

Abajo encontraréis una traducción que realicé del inmejorable artículo de David Gran que salió en la respectada publicación The New Yorker este mayo pasado.  Como que acabamos de leer en las noticias que George Clooney dirigirá la adaptación cinemógrafica de esta increíble historia, creemos que os estamos entregando este temazo a tiempo.  Además, sabed que podéis contar con nosotros para un análisis fílmico.

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Por un momento la noche habanera iba cayendo.  Era como si fuese invisible —igual que habia sido antes de llegar a Cuba, quien ya estaba en medio de la revolución¾, pero después, un conjunto de focos le iluminaba: era William Alexander Morgan, el gran “Yankee Comandante”.  Estaba de pie, apoyándose en un muro lleno de agujeros de bala, en un foso que rodeaba a La Cabaña—una fortaleza del sigo dieciocho que pasa por alto a la ciudad desde un acantilado que había sido convertido ya en un cárcel—.  Gotas de sangre se secaban en el terreno donde fusilaron a un intimo amigo de Morgan sólo hace unos minutos.  Morgan, con tenía treinta-dos años por entonces, parpadeaba bajo de las luces.  Encaraba un pelotón de fusilamiento.

Los fusileros miraban fijamente al hombre al que le habían ordenado matar.  Morgan tenía casi dos metros de altura; brazos muy poderosos y piernas de una persona que había sobrevivido en el campo agreste.  La mandíbula tiesa, la nariz pugnaz, el pelo rubio y desaliñado, le daban un look de  aventurero de cine —un retroceso de tiempos pasados (su fotógrafo había salido en periódicos y revistas por todo el mundo).  Las imágenes más atractivas —tomadas mientras luchaba en las montañas con Fidel Castro y Che Guevara— presentaban Morgan con una barba rebelde y con una metralleta de marca Thompson.  Aunque ahora estaba bien afeitado y llevaba ropa de preso, los verdugos le reconocían como el americano que había sido celebre por ser un héroe de la revolución.

Era el día once de Marzo, 1961—dos años después Morgan había tomado papel en el derrocamiento del dictador Fulgencio batista, así llevándole Castro al poder.  Pero la revolución ya tenía muchas fracturas y los líderes devoraban a los suyos, como Saturno; pero verle a Morgan enfrentando al pelotón era todavía un shock.  En 1957, cuando el mundo todavía pensaba que Castro luchaba por la democracia, Morgan había viajado a Cuba desde Florida, luego pirandose en la selva y afiliándose con la fuerza güerilla.  En las palabras de un observador, Morgan era “como Holden Caulfield pero con una ametralladora”.  Era el único americano en el ejército rebelde y el único extranjero—aparte de Guevara que era Argentino—que ascendió de soldado al oficial de comandante.

Después de la revolución, el papel principal de Morgan en Cuba generó mucha fascinación— particularmente cuando la isla caribeña se enredó en la batalla más grande de la Guerra Fría.  Un americano que le conocía a Morgan dijo que había servido como el “principal hombre de intriga” de Castro y The New York Times le llamaron el “astuto doble agente de Castro”.

Pero ahora Morgan fue acusado de conspirar con derrocarle a Castro.  El gobierno Cubano aclamó que Morgan había estado trabajando para los EE.UU—que, efectivamente, era un triple-agente.  Morgan rechazó las acusaciones, pero incluso unos de sus propios amigos se preguntaba quien era de verdad y por qué había venido a Cuba.

Antes de que Morgan fuera llevado fuera de La Cabaña, un preso le preguntó si había algo que podía hacer por él.  Morgan respondió, “Si sales de aquí vivo, lo cual dudo mucho, intenta de contar mi historia al mundo”.  Morgan comprendió que habían mas vidas en juego que solo la suya; también comprendió que el régimen Cubano tergiversaría su papel en la revolución—si no lo quitaran completamente del registro publico—y que el gobierno Americano escondería documentos clasificados o “sanitarlos,” ocultando pasajes con tinta negra.  Seria completamente borrado—primero del presente y luego del pasado.

El jefe del pelotón gritó, “atención”.  Y los fusileros llevaron sus fusiles Bélicos.  Morgan se temía por su esposa, Olga—que había conocido en las montanas—y por sus dos hijas.  Siempre había podido manipular las fuerzas de la historia, e hizo una petición en el último minuto para poder comunicar directamente con Castro.  Morgan no se creó que el hombre que una vez había llamado su “amigo fiel” pudiese matarle.  Pero los fusileros empezaron a amartillar a sus rifles.

El Primer Truco:

Cuando Morgan llegó a Habana en diciembre de 1957, fue propulsado por la emoción de un secreto.  Se había asegurado de que nadie le siguiese mientras se movía clandestinamente por la capital iluminada por luces de neón.  Anunciado como una isla de diversión para los americanos, Habana ofrecía muchas tentaciones: el club Sans Souci donde bailarines bailaban a la cha-cha en escenarios al aire libre; el Hotel Capi, cuyas maquinas de juego aceptaba monedas norteamericanas; y la Tropicana donde invitados como Elizabeth Taylor y Marlon Brando disfrutaron esplendidas revistas teatrales que figuraban personajes como las “Diosas de Carne”.

Morgan, luego un hombre regordete de veintinueve, intentaba presentarse como cualquiera hombre de ocio.  Llevaba puesto un traje blanco de $250 y unos zapatos nuevos.  “Tenia pinta de otro turista opulento,” bromearía Morgan años después.

Pero, según miembros del circulo intimo de Morgan—y de una cuenta no-publicada de un amigo muy cercano—, Morgan evitaba el resplandor de la vida nocturnal de la ciudad, prefiriendo caminar por las calles antiguas de la Habían Vieja, cerca de embarcadero que ofreció una vista de La Cabaña y su puente lavadizo y sus muros musgosos.  Morgan se detenía en una cabina telefónica, donde había quedado con un contacto Cubano llamado Roger Rodríguez.  Un radical estudiante con pelo negro y un bigote muy espesa, Rodríguez había sido disparado por la policía durante una demonstración política y era un miembro de la célula revolucionaria.

La mayoría de los turistas se quedaban ciegos a los grandes inequidades de Cuba donde mucha gente vivía sin luz o agua corriente.  Graham Greene, que publicó “Our Man in Havana” en el año 1958, recontó años después “[…] me gustaba el ambiente de mala fama de la ciudad de Batista y nunca me quedaba tanto tiempo para darme cuenta de la política triste o el encarcelamiento arbitrario y tortura”.  Morgan, sin embargo, había estudiado Batista, que tomó el poder en 1952 por medio de un golpe de estado.  Morgan había aprendido que el dictador le gustaba sentarse en su palacio, comer comidas suntuosas mientras veía películas de horror; y que torturaba y mata a disidentes, cuyos cuerpos muchas veces fueron dejados en campos con los ojos arrancados o sus testículos aplastados en la boca.

Morgan y Rodríguez pasaban por la Habana Vieja, y empezaron a tener una conversación furtiva.  Morgan casi nunca se encontraba sin un cigarrillo, y solía a comunicarse por una neblina de humo.  No sabia hablar el español, pero Rodríguez chapurreaba ingles.  Se habían conocido en Miami, haciéndose amigos, y Morgan le veía como una persona confiable.  Morgan le dijo que tenía planes a entrarse secretamente en la Sierra Maestra, donde los revolucionarios habían tomado armas contra el régimen de Batista.  Tenía la intención de alistarse con los rebeldes, los cuales les comandaba Fidel Castro.

El nombre del enemigo mortal de Batista llevaba una sacudida de lo prohibido.  En el día 25 de noviembre de 1956, un abogado treintañero y un hijo ilegitimo de un prospero terrateniente habían lanzado una anfibiosa invasión de Cuba, junto con 81 autoproclamados comandos, incluyendo Che Guevara.  Después de su maltratado barco de madera encalló, Castro y sus hombres vadeaba en agua hasta el pecho y llegaron a la costa en un pantano donde vegetación enredadera les ragaba la piel.  Poco después, el ejército de Batista les atacó, y Guevara fue disparado en el cuello. (Mas tarde escribiría: “Inmediatamente me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en el que parecía todo perdido”.)  Solo una docena de rebeldes, incluso el herido Guevara y el hermano menor de Fidel, Raul, escaparon.  Y agotados y deliriosos con sed—uno se bebió su propia orina—se piraron a las selvas empinadas de la Sierra Maestra.

Morgan le dijo a Rodríguez que había estado siguiendo el progreso de la rebelión.  Después de cometer el error de declarar que Castro se había muerto en la emboscada, Castro permitió que un correspondiente de The New York Times, Herbet Matthews, fuera escoltado en la Sierra Maestra.  Un buen amigo de Ernest Hemingway, Matthews no solo tenía ganas de escribir sobre eventos impactantes al nivel mundial sino también crearlos; y fue captivado por el alto líder rebelde, con su barba salvaje y puro encendido.  “La personalidad del hombre es tremendo,” escribía Matthews.  “Aquí tenemos un fanático determinado y educado; un hombre de ideales y coraje”.  Matthews determinó que Castro tenia “conviciones fuertes para la libertad, la democracia, justica social y la necesidad de restaurar la constitución”.  Y en el día 24 de febrero de 1957, el artículo salió en la portada del periódico, así intensificando el aura romántica de la rebelión.  Matthews lo describió así: “Una campana dobló en las selvas de la Sierra Maestra.”

Pero, ¿Por qué estaría dispuesto a morir un americano por la revolución cubana?  Cuando Rodríguez le aprensionaba a Morgan con esta pregunta, indicaba que quería estar luchando por lo bueno pero también vivir en el borde de peligro.  Pero también quería algo más: Venganza.  Morgan dijo que tuvo un amigo americano que había viajado a la Habana y que fue matado por unos de los soldados de Batista.  Anos después, Morgan ofreció mas detalles a otros amigos suyos; que su amigo, un hombre llamado Jack Turner fue pillado llevando contrabando a los rebeldes y que luego fue “torturado y lanzado a tiburones por Batista”.

Morgan también le dijo a Rodríguez que ya había hecho contacto con otro revolucionario, que había organizado una manera para llegar a la Sierra Maestra.  Rodríguez se quedo desconcertado: el supuestamente rebelde era un agente de la policía secreta de Batista.  Rodríguez le aviso a Morgan que había caído en una trampa.

Rodríguez, temiéndose por la vida de Morgan, ofreció su ayuda.  No podía transportarle a la Sierra Maestra, pero si podía llevarle a un campamento de un grupo rebelde en las montañas de Escambray, las cuales partieron el país.  Los guerillos iban a abrir un frente nuevo, y Castro les recibió a la “lucha comunera”.

Morgan y Rodriguez y un conductor se pusieron en camino a la viaje de mas de 435 kilometros.  Y como escribió Aran Shetterly en su libro “The Americano” (2007), el coche pronto llegó a una barricada.  Un soldado echó un vistazo a dentro del coche y  vio a Morgan, reluciente en su traje blanco—la única ropa que tenía—.  Morgan sabia bien lo que pasaría si les cogieron los soldados—como había dicho Guevara, “en una revolución uno gana o uno muere”—y había preparado un cuento en que era un hombre de negocios americano visitando varias plantaciones de café.  Y después de escuchar el cuento, un soldado les dejo pasar, y Morgan y sus conspiradores siguieron en el camino hasta Escambray, donde el aire es más frío y enrarecido.  Y donde los picos de 100 metros tenían un matiz morado espluzante.

Llevaron a Morgan a un piso franco para descansar antes de ir en coche a otra ladera cerca al pueblo Banao.  Un campesino les guio a Morgan y Rodríguez por vinas y plántanos hasta que llegaron a un claro remoto, laderado por unas cuestas pronunciadas.  El campesino hizo un sonido de pájaro, que sonaba por la selva y que fue reciprocada por un silbido distante.   Emergió un centinela y llevo Morgan y Rodríguez a un campamento dispersado por recipientes de agua y hamacas y unos fusiles antiquados.  Morgan solo podía contar treinta y pico hombres, muchos que parecían apenas de haberse graduado  del instituto y que tenían la esquelética desordenada apariencia de unos naufragios.

Los rebeldes le vio a Morgan con incertidumbre.  Max Lesnick, un periodista Cubano responsable por la propaganda de la organización, pronto quedó con el grupo y recuenta preguntándose si Morgan era “un tipo de agente de la CIA”.

Desde la guerra hispano-estadounidense, los estados unidos se había entrometido en asuntos Cubanos, tratando la isla como una colonia.  De hecho, Presidente Dwight D. Eisenhower había apoyado a Batista ciegamente—creyendo que “se portaría bien con los rojos” como había dicho a vice-presidente Nixon—y la CIA había activado operativos por todos partes de la isla.  En 1954, en un reportaje clasificado, un capitán americano  avisó que si los EE.UU iban a sobrevivir la Guerra Fría necesitaba “aprender a subvertir, sabotear, y destrozar nuestro enemigos por medio de métodos más sofisticados, listos, y efectivos que los que usan contra nosotros”.  La CIA incluso contrató a un mago reconocido, John mulholland, a ensenarles trucos de mano y la mala dirección a los operativos.  De hecho, Mulholland produjo dos manuales ilustrados que referían a operaciones encubiertas como “trucos”.

Mientras la CIA intentaba evaluar la amenaza a Batista, sus operativos intentaban penetrar fuerzas rebeldes en las montañas.  Entre otras cosas, se creía que los agentes habían reclutado o incluso posar como reporteros.  Mulholland avisó a operativos que “se nesecta incluso mas practica para poder fingir una mentira hábilmente que decirla”.

Los rebeldes también tenían que asegurarse de que Morgan no fuese parte del KGB o un mercenario trabajando para la inteligencia militar de Batista.  En la Sierra Maestra, Castro recientemente había descubrió que un campesino en sus tropas era un informante militar.  El campesino, después de ser convocado, cayó a sus rodillas y mendigando que la revolución tuvo que cuidarse de su niños.  Luego le dispararon en la cabeza.

Lo llevaron a Mogran a ver el comandante del grupo rebelde, Eloy Gutiérrez Menoyo.  Viente-tres años de edad, de voz suave y delgado, Menoyo tenia una cara larga que estaba protegida por unos anteojos oscuros y una barba, por los cuales podía haber pasado por un fugitivo.  La CIA notaba mas tarde, en su carpeta sobre él, que era un joven inteligente y capable que no se rompería “bajo los métodos normativos del interrogatorio”.

Menoyo había emigrado de España con su familia cuando solo era un niño—su ceceo era ligeramente presente cuando hablaba—y había heredado la militante postura de su familiar contra la tiranía.  Su hermano mayor fue matado a los dieciséis anos luchando contra los fachas en la Guerra Civil Española.  Otro hermano mayor, que también había emigrado a Cuba, fue tiroteado encabezando un asulto al palacio de Batista en el ano 1957.  Menoyo tuvo que identificar el cuerpo en un deposito de cadáveres de la Habana antes de pirarse a las montanas. “Queria seguir luchando en el nombre de mi hermano,” recuenta.

Con la ayuda de un traductor, Morgan le conto a Menoyo sus historia de querer vengar la muerte de su amigo.  Morgan dijo que había servido en el ejercito de los EE.UU y que era experto en artes marciales y el combate cuerpo a cuerpo y que podía ensenar las artes militares guerrillas a los rebeldes inexperimentados.  Luchar se consistía en más que disparar un fusil, mantenía Morgan; como diría mas tarde, con las tácticas apropiadas se podía “meter el miedo en el cuerpo de sus enemigos”.  Y para demonstrar sus proezas, Morgan tomó prestado un cuchillo y lo tiro a un árbol que estaba unos 20 metros de distancia.  Pegó el objetivo tan cuadradamente que unos soldados jadearon.

Aquella noche, discutieron sobre si Morgan podia quedarse.  Según Lesnik, Morgan parecía ‘simpatico’—“como un Cubano”.  Pero mucho soldado, temiendose que Morgan era un infiltrator, querían mandarle volver a la Habana.  El jefe de inteligencia del grupo, Roger Redondo, recuerda: “Hicimos todo lo posible para hacerle irse”.  Durante los próximos días, le hacían marchar por las laderas hasta la saciedad.  Morgan era tan gordo, bromeaba un soldado, que tenia que ser de la CIA.

Morgan, famélico y fatigado, gritaba repetidamente unas palabras en español que había aprendido—“No soy mulo”—.  En un instante particular, los rebeldes le llevaron a un parche llena de arbustos espinosos y venosos, los cuales picaban como avispas y que le causan inflamar gravemente su pecho y su cara.  Morgan ya no podía dormir.  Cuando se quito su sudosa camisa blanca, recuerda Redondo, “nos apiadamos del el.  Era tan de tez blanca y se había puesto hecho una furia”.

El cuerpo de Morgan también ofrecía pistas a su pasado violente.  Tenia  quemaduras en su brazo derecho y una cicatriz de .3 metros corría a través de su pecho, sugiriendo que alguien le había cortado con un cuchillo.  Había una cicatriz pequeña debajo de su barbilla, otra a lado de su ojo izquierdo y varias en su piel izquierda.  Era como ya había sufrido anos de miseria en la selva.

Morgan aguantaba todas las malas experiencias a las que le sometido los rebeldes, perdiendo 15 kilos.  Mas tarde escribió que se había puesto irreconocible: “Peso solo—75 kilos y tengo barba”.  Redondo dice, “El gringo era duro y los hombres de Escambray llegaron a admirar su persistencia”.

Varias semanas después de la llegada de Morgan, un vigilante se notó que a distancia algo se estaba moviendo entre los cedros y plantas tropicales.  Utilizando binoculares, vio seis hombres en unfiromes de kaki con sombreros y fusiles de Springfield.  Era una patrulla militar de Batista.

La mayoría de los rebeldes nunca habían visto combate.  Morgan mas tarde les describió como “una unión de doctores, abogados, granjeros, químicos, jóvenes, estudiantes y viejos”.  El vigilante sonó la alarma y Menoyo ordenó que todos tomasen sus posiciones en varias partes del campamento.  Menoyo explicó que los rebeldes no dispararían hasta que se lo indicase.  Morgan se agachó al lado de Menoyo con uno de los fusiles semiautomáticos.  Y mientras los soldados de Batista se acercaban aun mas, un disparo resonó.

Era Morgan.

Menoyo palabreaba en voz baja y los dos grupos empezaron a disparar.  Balas partían arboles y un humo amargo iban a la deriva por las montañas.  Los sonidos estruendosos de los rifles hicieron que comunicación era casi imposible.  Un soldado Batistiano fue disparado en el hombro, una mancha escarlata empezó a filtrarse por su uniforme y se cayó por la ladera de la montaña como una roca.  El comandante de la patrulla de Batista rescató el soldado caído y, con el resto de sus hombres, se retiraron en la selva, dejando un rastro de sangre.

En un silencio súbito, Menoyo se giró hasta Morgan y gritó “¿Por qué coño disparaste?”

Morgan, al estar explicado en ingles lo que estaba diciendo Menoyo, parecía confundido.  “Pensé que nos ordenó a disparar al ver sus ojos,” dijo.  Nadie se lo había traducido el comande original de Menoyo.

Morgan había cometido un error, pero solo resultó en acelerar una batalla inevitable.  Menoyo les mandoo a todos que se largasen: pronto volverían cientos de soldados Batistianos.

Los hombres llenaron mochilas hechas de unos sacos de azúcar son sus pertinencias.  Menoyo llevaba un medallón de la Concepción Inmaculada que se le había regalado su madre.  Morgan también tenía sus propios mementos: fotógrafos de un chico y una chica.  Los rebeldes se dividieron en dos grupo y Morgan se fue con Menoyo y 20 más, marchando por más que 160 kilómetros en las montañas.

Solían marchar durante la noche and luego, por la madrugada, encontrar un lugar resguardado donde comerían la poca comida que llevaban y dormir en turnos mientras otros vigilaban.  Morgan que nombrado uno de sus rifles semiautomáticos su ‘nino’ siempre se dormia con una arma cercana.  AL anochecer de nuevo, los hombres volvían a marchar, escuchando el sonido de los pajaros carpinteros, el laudrillo de perros y su propia respiración agotada.  Sus cuerpos estaban flácidos por hambre, y sus barbas cubrían sus caras como vegetación selvática.  Cuando un rebelde de dicenueve se cayo en rompo su pie, Morgan le apoyaba, haciendo seguro que no fuera dejado atrás.

Una mañana durante una marcha, un rebelde estaba gorreando por comida cuando vio dos cientos soldados Batistianos en un valle cercana.  Los rebeldes se encontraban frente a la aniquilación.  Mientras se extendia el pánico, Morgan le ayudoo Menoyo hacer un plan.  Iban a preparar una emboscada, escondiéndose detrás de unas rocas grande en la formación de una U.  Era critical, decía Morgan,  que dejasen una ruta de huida.  Los rebeldes se aganchaban destras de las rocas, sentiendo el calor de la tierra contra sus cuerpos, manteniendo sus rifles firme contra sus mejillas.  Antes, unos de los hombres jóvenes declararon indiferencia alegre a la posibilidad de muerte, pero su brio se fumoo cuando se encontraron confrontado al prospecto.

Morgan se preparo para el enfrentamiento.  Se habia metido en un conflicto extranjero, y ahora todo estaba en peligro.  Su brete se parecía mucho a lo de Robert Jordan, el protagonista americano de “Por Quien Doblan Las Campanas”  que, mientras les ayudaba a los republicanos en la guerra civil española tuvo que explotar a un puente: “Solo tenia que hacer una cosa y en eso debería estar pensando… Preocuparse era tan mal como tener miedo.  Simplemente haria que todo fuera mas difícil.”

Los soldados de Batista se acercaron a la cresta.  Aunque los rebeldes podían oír el chasquido de ramas rompiéndose debajo de las botas de los soldados, Menoyo les dijo que no dispararan, asegurándose de que Morgan le entendiese.  Pronto, los soldados enemigos estaban tan cerca que Morgan podía ver los barriles de los rifles.  “Patria o muerte,’ le gustaba decir Castro.  Por fin, Menoyo dio la señal de disparar.  Entre los gritos, el sangre, y el caos, unos de los rebeldes se retrocedieron, pero y como escribió Shetterly, “notaron que Morgan estuvo al frente, avanzando y completamente concentrado en la batalla”.

Los Batistianos empezaron a huirse.  “Se quebraron,” recuerda Armando Fleites, un medico con los rebeldes.  “Fue una victoria total”.

Más que una docena de soldados Batistianos estuvieron heridos o muertos.  Los rebeldes, que cogieron las armas de los soldados muertos, no habían perdido ni un hombre, y luego se le alistaron a Morgan para ensenarles a luchar mejor.  Un antiguo rebelde recuerda, “me entrenó en las artes militares guerrilla—como usar varias armas y a plantar bombas”.  Morgan les enseno judo a los hombres y a contener la respiración bajo agua utilizando solo una cana hueca.  “Sabia tantas cosas que no sabíamos nosotros,” dice el rebelde.  Morgan incluso sabia hablar el Japones y el alemán.

Morgan aprendio el espanol, llegando a ser un miembro oficial del grupo, que se habia nombrado El Segundo Frente Nacional del Escambray.  Igual a los otros rebeldes, Morgan prestoo juramento a “luchar y defender con mi este pedacito de territorio libre” y a “guardar todos los secretos de guerra” y a “denunciar traitores”.  Morgan ascendio rápidamente, primero comodando 6 hombres, luego encabezando una columna mas grande, y por fin, a presidir sobre unos kilometros cuadrados de territorio ocupado.

Con cada batalla que ganaba Morgan, la suscepción sobre su presencia empezó a desaparecer.  Una emisora rebelde de radio anuncio que los rebeldes “encabezado por un americano” mataron a cuarenta soldados batistianos.  Otra emisión celebró un “Yanqui luchando por la libertad de Cuba”.  El periódico de Miami, Diario Las Américas, declaro que el americano había un miembro de los “Rangers” que aterrizaron en Normandía y que abrieron una ruta para las Fuerzas Aliadas por destruir instalaciones Nazis en la costa Francesa antes del “Día D”.

Agentes de los servicios de inteligencia de los EE.UU y Cuba también empezaron a oír rumores sobres un comando yanqui.  En el verano de 1958, la CIA reportó murmurones de un rebelde “identificado solo como ‘El Americano,” que había tenido un papel principal en “planificar y llevar a cabo actividades guerrillas,” y que había prácticamente aniquilado una unidad Batistiana entera mientras dirigía a sus hombres en una emboscada.  Un informante de un grupo revolucionario cubano contó al FBI que El Americano era Morgan.  Otro dijo que Morgan “se había arriesgado la vida muchas veces” para salvarles a los rebeldes y que se le consideraban como “un héroe total entre las fuerzas por su coraje y atrevimiento”.  Eventualmente, los reportajes causaron un pánico entre varias agencias del gobierno americano—incluyendo la CIA, el Servicio Secreto, Departamento del Estado, Inteligencia Militar, y el FBI—para determinar quien era William Alexander Morgan y para quien estaba trabajando.

El Dossier Secreto                         

J. Edgar Hoover se sentía tremores de inestabilidad.  Primero, en su corazón; 1958 sufrió un infarto menor con solo 63 anos de edad.  Dado su posición como jefe del FBI, Hoover se obsesionaba de su privacidad, y guardaba el incidente a si mismo, también empezó un régimen difícil de ejercicio y dieta, disciplinando a su cuerpo con la misma voluntad que utilizo para erradicar un tartamudeo juvenil.  Dio instrucciones al departamento de investigación y análisis del bureau a informarle de cualquier avance científico que pudiese extender la duración de la vida humana.

Frustrándole mas aun era el “el pequeño republico infernal de Cuba,” como lo había llamada Theodore Roosevelt.  Hoover había avisado a sus agentes que el numero creciente que seguidores de Castro en los EE.UU “podía representar una amenaza a la seguridad interna” del país, y así ordenó que sus agentes infiltrase sus organizaciones.

Aunque casi nunca viaja en el extranjero, Hoover quería convertir el FBI en un aparata internacional de espionaje, avanzando el grande red que había creado dentro de los estados unidos, lo cual traficaba de ‘historia cruda’; conversaciones intervenidas, fotógrafos de vigilancia, papeles sacados de la basura, cables interceptados y cotilleo de amantes del pasado.

Las ramas del servicio de inteligencia de los EE.UU ya no había producido pruebas que Castro o sus seguidores eran Comunistas, y dado la brutalidad de Batista, algunas oficiales empezaron a verles a los rebeldes con favor.  El oficial de la CIA que se encargaba de las operaciones caribeñas admitió mas tarde que “yo y mis empleados éramos todos Fidelistas”.

Pero Hoover seguía siendo vigilante: entre todos los enemigos que había cazado, les consideraba a los comunistas como “Maestros de Engaño,” como les llamó en libro homónimo de 1958.  Estos conspiradores tenían fuentes escondidos de información, y se ponían sordina, como viruses, para poder eludir los defensas de un huésped; Hoover estaba determinado a prevenirles a infiltrar una isla justo a sur de la Florida.  Una fuente trabajando dentro de la Embajada Estadounidense en La Habana recibía muchos reportajes de un “gringo loco” en las montañas.  ¿Era Morgan un agente durmiente soviético?  ¿Un operativo de la CIA bajo una postura de cubierta? ¿O un agente defectuoso?

Despues de haber atisbado en tantas vidas, Hoover entendio que virtualmente todo el mundo tiene secretos.  Garabateado en un diario.  Grabado en una cinta.  Enterrado en una caja fuerte.  Un secreto puede ser, como ha escrito Don DeLillo, “algo vitalizante.” Pero tambien puede destruirte en cualquier momento.

A los finales de 1958, Hoover había desencadenado un equipo de ‘G-Men’ a averiguar que podía estar ocultando Morgan.  Eventualmente, uno de ellos llegó a llamar a la puerta que una grande casa colonial en el Old West End de Toledo (Ohio).  Un señor distinguido contesto.  Era el padre de Morgan, Alexander, un jubilado ex – director de una compañía publica, como su hijo le había descrito una vez “un puro republicano” [Como referencia al partido político].  Estaba casado a una mujer delgada y devota, Loretta, que era conocida como Señora Catedral por su participación en la iglesia católica.  Además que su hijo, también tuvieron una hija, Carrol.  El padre de Morgan le dijo al agente del FBI que no había tenido noticias de su hijo, que llamaba ‘Bill,’ desde que despareció.  Pero proveyó mucha información acerca Morgan, lo cual, conjunto con otras entrevistas que el FBI hizo con otros familiares y asociados, ayudó a Hoover y otras espías empezar a componer un perfil asombroso del un tal rebelde yanqui.

Morgan debería haber sido un americano arquetípico, un producto brillante de los valores de la llanura central del país y un clase-media ascendente.  Atendió una escuela católica y como joven recibió notas muy buenas (clasificó de ‘inteligencia superior’ en una prueba de CI).  Le encantaba la naturaleza y era un dedicado Boy Sout—recibiendo el premio más importante de la organización en el ano 1941—.  Años después, les escribió a sus padres, “habéis hecho todo los posible para criarles a vuestro hijos con un amor para Dios y la patria”.  Tremendamente enérgico, siempre parecía estar charloteando, por lo cual le dieron el mote de “Gabby [Hablador]”.  Era muy simpático, me contó su hermana.  “Te podía vender cualquier cosa”.

Pero Morgan también era un inadaptado.  No consiguió entrar en el equipo de football y su locuacidad expuso una costura de inseguridad.  Le degustaba el colegio y muchas veces se fugaba para leer cuentos de aventura, sobre todo historietas del Rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda, llenándose la mente con lugares muchos mas exóticos que el barrio de jardines muy cuidados y casas amazacotadas que veía por la ventana de su habitación.  Su madre dijo una vez que Morgan tuvo “una imaginación muy muy viva” y que le gustaba realizar sus fantasías, construyendo, entre otras cosas, una escafandra digna de Jules Verne.  Casi nunca demostraba miedo, y una vez le tuvieron que impedir que saltase desde el techo de su casa con un paracaídas casero.

Agentes del servicio de inteligencia del ejercito norteamericano tambien le investigaban a Morgan, preparando un dossier sobre el.  (El dossier, conjunto con cientos mas documentos desclasificados de la CIA, el FBI, el Ejército, y el Departamento del Estado, fueron obtenidos por El Acto de Información Libre y Los Archivos Nacionales.)  En una evaluación psciologica realizada por el ejercito, un analista para la organización de inteligencia-militar declaroo que Morgan “parecía estar mas o menos ajustada a la sociedad”.  Pero, cuando era un adolescente su resistencia a las censuras que le rodeaban, y a los que querían moldear, llegoo a un estado de fevor.  Como ha dicho su madre, Morgan habia decidio que si iba a quedarse en Toledo (OH), se buscaría el exilio, “aventurarndo al mundo si mismo.”

En el verano de 1943, con solo 15 anos de edad, Morgan se fugo.  Su madre daría un reportaje sobre hijo a la Cruz Roja un tiempo despues, diciendo que “espantada es una palabra apacible… el nunca habia hecho algo asi antes”.  Aunque Morgan regresoo a su casa unos días despues, pero solo para tomarse el coche de su padre sin pedir permiso, “fugándose,” como diría mas tarde, saltándose un semáforo antes de que la policía le pillasen.  Luego fue consigado a un centro de internamiento, pero se escapo por la ventana.  Se acabo en Chicago, ajuntandose con el circo de los Hermanos Ringling.  Cuando su padre le encontró diez días después cuidando a elefantes, y se le llevó a casa.

En el noveno grado, Morgan abandanoo los estudios y empezó a vagar atraves el país, cogiéndose autobuses y trenes; ganaba dinero como un operador un punzonadora, dependiente en un mercado, cargador de carbón, acomodador del cine, y también marinero.  Su padre parecía estar resignado al capricho de su hijo, escribiéndole en una carta “cogate tanta aventura como puedas y nos alegraremos verte cuando sea que quieras volverte a casa”.

Mas tarde Morgan explico que no estaba discontento en Ohio—sus padres les habían todo lo que qusieran a el y su hermana—y que se piro porque tenia ganas de ver “sitios nuevos”.

Su madre creía que Morgan tenia un imagen mitico de si mismo y que “siempre anheloo ser un senoron,” pero dado su “carácter super afectionate” dudaba que “tuviera la intención de hacernos daño o que nos preocupesemos”.

Sin embargo, en via de aumento Morgan quedaba con “los malos tipos”—como les llamaría el mas tarde—y también empezó meterse en lios con la ley.  Cuando era todavía un joven, robo el coche de un desconocido con sus amigos, temporarlmente atándole al desconocido; y también fue investigado por haber llevado una arma concelada.

Nadie—ni sus padres ni la FBI ni el analista del servicio de inteligencia del ejército americano—podía explicar el misterio del comportamiento antisocial del Morgan; se quedaba permanente encriptado, un código que no se podía romper.  Su madre se puso a preguntar si algo le había ocurrido durante su embarazo, lamentándose “ese chicho no me ha ni un momento de tranquilidad… por eso tengo las canas”.  Su padre les dijo a la FBI que quizás su hijo necesitaba hablar con unos de los doctores para la cabeza.  Una psiquiatra, referido por el ejercito,  speculaba que Morgan era “motivado por un curso de auto-destrucion para satisfechar su necesidad neurótico para el catisgo”.

Pero fue imposible verle a Morgan, con sus ensanchados ojos azules y un cigarrillo perpetuamente entre sus dientes, anunciándose como el nuevo tipo social; un bohemio, un autentico Rolling Stone.  Un amigo de Morgan le dijo a un reportero: “mientras Jack Kerouac estaba todavía imaginándose una vida ‘en el camino,’ Morgan ya se la estaba viviendo”.

La personalidad de Morgan—“nomada, egoísta, impulsivo, y completamente irresponsable,” según uno de los agentes de Hoover—también llevaba las mismas características de un adolecente del medio-clase.  En el año 1960, un periodista conservadora norteamericana observó “como Fidel Castro, pero en una escala mas pequeña, Morgan era un anticuado delicuente juvenil”.

Hoover y la FBI descubrieron que, al contrario de las cuentas de la prensa, Morgan no había servido en la segunda guerra mundial.  Imaginándose un Simbad moderno—su otro mote—había intentando alistarse pero fue rechazado por era demasiado joven.  No fue hasta Agosto de 1946, cuando por fin había acabado la guerra y que por fin tenía dieciocho, que conseguido alistarse.  Después de recibir ordenes que estuviera desplegado a Japón, en diciembre, lloró enfrente de su madre por la primera vez en año, traicionando que, a pesar de su dureza, era todavía un adolescente.  Cogió un tren destinado para California, y mientras hacia la escala en una base militar, les mando un telegrama a sus padres:

“Tengo una sorpresa—me casé ayer a los 12.30 am con Darlene Edgerton.  Estoy contento—os escribiré o llamaré tan pronto como sea posible.  No os preocupéis o emocionéis.”

Se había sentado a su lado en el tren, en su uniforme bien planchado.  “Era alto y guapo y muy magnético,” recuerda Edgartown que ya esta ciega y que ahora tiene unos 87 anos de edad.  “De verdad, estoy en camino a casarme con otro, pero nos llevamos tan bien que decidimos para en Reno [Las Vegas] y casarnos”.  Se conocían por solo 24 horas y pasaron dos días en un hotel antes de subirse al tren de nuevo.  Cuando llegaron a California, Morgan se presentó a la base militar y salió para Japón.  “Lo que no harán los jóvenes,” dice Edgartown.

Dado la distancia de su puesto en Japón,  el matrimonio de disolvió rápidamente y en solo un ano y Morgan recibió una anulación—pero incluso después del divorcio y casarse con otro, Edgartown guardaba en secreto una carta de Morgan, la cual a veces desdoblaba, aplanado los márgenes con sus dedos, para leer de nuevo, removida por la memoria del espíritu bólido que había resplandecido bravamente a su vida.

Morgan era batido al final de la relación, pero su madre les había dicho a los de la Cruz Roja “Conociéndole a Bill [William], estoy segura de que si tuviera la oportunidad de salirse con otras chica pronto se olvidará de este amor presente”.

Ciertamente, Morgan se ligo Setsuko Takeda, una chica Alemana-Japonesa que trabajaba como anfitriona en un club de Kioto, que quedó embarazada poco después de que les conocieran.  Cuando Takeda estaba por darle luz a su hijo en el otoño de 1947, Morgan no estaba de permiso y así hizo lo que siempre había hecho: Se huyó.  Pero fue detenido por estar AWOL y, mientras estaba detenido, exclamó que necesitaba verle a Takeda—que estaba suicida después de haber estado molestada por un oficial militar.  Con la ayuda de un ciudadano chino que estaba también detenido, Morgan vencido a una policía militar, tomándose su pistola.  “Morgan me dijo que no me moviese,” testificó el guardia.  “Me dijo que quitase toda mi ropa y le dijo al chino que me atase”.  Llevando puesto el uniforme del guardia y llevándose su pistola también, Morgan escapó en plena noche.

Un equipo de búsqueda del ejército le localizó a takeda que les llevó a una casa donde Morgan había dicho que le esperaría.  Cuando le vio a Morgan en el fondo del edifico, le abrazó con fuerza.  Uno de los oficiales, notando que llevaba una pistola, gritó “!Suelta el revolver!”  Pero Morgan se hesitó como si fuera un personaje de una novelucha, girando la pistola en uno de sus dedos en una manera para que la culata se orientase al oficial, así entregándosela.  “No tardasteis mucho en llegar,” dijo Morgan, luego pidiéndoles un pitillo.

En el día 15 de enero, 1948, con solo 19 anos de edad, Morgan fue sentenciado a cinco anos de encarcelamiento por un consejo de guerra.  “Supongo que me dictaron lo que merezca,” dijo.

La madre de Morgan, en su testimonio a la Cruz Roja, rogó su ayuda: “Sinceramente quiero que sea un chico del cual puedo ser orgullosa no uno que me haga bajar la cabeza en vergüenza por haberla dado luz.”

Morgan eventualmente fue traslado a una cárcel federal en el estado de Michigan.  Se matriculó en una clase sobre la historia de su país; estudiaba japonés y también alemán—los lenguas que hablaba Takeda; también asistía clases de ‘Instrucción Religiosa” y cantaba en el coro.  En un resumen sobre su progreso, un oficial del cárcel escribió: “El Capellán se ha notado que el preso Morgan ha desarrollado un sentido de responsabilidad social [y que] está haciendo todo lo posible para mejorarse y convertirse en un individuo contribuyente a la sociedad.”

Morgan fue dado su libertad antes de lo previsto, en el día 11 de abril, 1950.  Aunque una vez tuviera la esperanza de reunirse con Takeda y su hijo, la relación se había roto.  Morgan eventualmente se mudó a Florida donde encontró un trabajo en un circo como tragador de llamas y perfeccionó el uso de cuchillos.  Empezó un romance con la hechicera de serpientes, Ellen May Bethel.  Una pequeña mujer seductora con pelo negro y ojos verdes, era “guapísima,” dice un familiar de Morgan.  En la primavera de 1955, Morgan y Bethel tuvieron una hija, Anne.  Pocos meses después se casaron y en 1957 tuvieron un hijo, Bill.

Morgan luchaba duramente para ser un individuo contribuyente, pero parecía estar atrapado por su pasado.  Era un ex-presidiario  y un soldado descargado deshonorablemente—una mancha que intentaba borrar fútilmente de su record.  Durante esta época Morgan le dijo a un amigo que “no era ni nada.”

Según un informante del FBI, Morgan empezó a trabajar para la mafia, haciendo recados de parte de Meyer Lansky—el diminutivo gánster  judío conocido como “El Hombre Pequeño”.  Además a haber manejado estafas en los estados unidos, Lanksy había llegado a ser el capo de la Habana donde mantenía control sobre unos de los clubs y casinos más grandes de la isla.  Un asociado de la mafia una vez describió como Lansky “le llevó a Bastista al fondo de nuestro hotel, abrió unas maletas, ensenándole un montón de dinero.  Batista miró fijamente al dinero sin decir una palabra.  Luego se dieron la mano.”

Morgan vagaba por las calles de Ohio, donde conoció el jefe de una organización criminal, Dominick Bartone.  Un gánster con conexiones tan profundas que se extendían al tiempo de Al Capone.  Bartone era una bestia de hombre con pelo negro y grueso y también ojos oscuros—“el típico aspecto de un delincuente,” según el FBI.  Clasificaba a la gente como “solido” o “chupones”.  Su antecedentes penales eventualmente incluirían convicciones de soborno, traficar armas, fraude fiscal; y mantenía relaciones estrechas con la cabeza de Teamsters, Jimmy Hoffa, que había llamado “el mejor tío del mundo.”

Un amigo de Morgan de Ohio me describió como “solido”.  Dijo “?Sabes lo que significa ‘conectado’?  Pues, Morgan era conectado”.  El amigo de Morgan, que dijo que había sido acusado de estafas, se puso mudo, luego añadiendo “no se si eras del FBI o de la CIA”.

Unos miembros del Mafia, incluyendo Cartoné, se prepararon para nuevas alianzas en Cuba, enviándoles armas a los rebeldes.  El padre de Morgan pensó inicialmente que su hijo se había liado en Cuba en 1955, en Florida, cuando apartemente conoció a Castro que había viajado ahí para generar apoyo de la comunidad Cubana viviendo en la extranjera para la invasión inminente. Dos anos mas tarde, con Castro escondido en la Sierra Maestra, Morgan les dejó a su mujer y sus hijos en Toledo (OH) y empezó a adquirir armas por todos lados de los estado unidos, luego organizando una manera para mandarlas a los rebeldes.  Tal vez fuese motivado por simpatía por la revolución o tal vez por dinero, o simplemente por la posibilidad de huirse de sus responsabilidades domesticas.  El padre de Morgan les dijo al FBI que su hijo se había “fugado de sus problemas desde que era un niño,” y que su aventura cubana no era nada más que otro ejemplo.  Morgan, antes de pirarse a la Habana le dijo a otro traficante de armas que le vería de nuevo en Florida “cuando se haya acabado esta maldita revolución,” mas tarde provioo su propia explicación: “Siempre he vivido mi vida en busca de algo.”

Incluso hasta hoy, algunos escolares, y también unos que le conocían a Morgan, especulan que fuera mandado a Escambray por la CIA.  Pero, y como revelan documentos de-clasificados, Hoover y sus agentes había descubierto algo incluso mas preocupante.  Morgan no estaba trabajando para la agencia ni inteligencia extranjera ni la mafia.  Estaba ahí solo.

¿Por qué Estoy Aquí?

“Llamandole a Comandante William Morgan!”—¡Comandante William Morgan!”  Era uno de sus hombres en Escambray, hablando en una radio onda corta frecuencias.

“Escuchadme,” respondió Morgan.  “Mándanos los refuerzos.  Necesitamos ayuda—¡munición!—.  Si nos quedamos aquí, nos van a anihilar.”

Por el verano de 1958, Morgan ya había tenido una cantidad incontable de enfrentamientos.  “Siempre nos excedían en numero por los menos treinta a uno,” recontó Morgan.  “Éramos un grupo pequeño, pero también éramos bien movilizado y duros.  Eventualmente se nos conocían como las fantasmas de las montañas”.

Morgan había sido testigo de cerca a las crueldades del régimen de Batista: Pueblos saqueados y quemados por el ejército de Batista, amigos disparados en la cabeza; un viejo senil que le habían cortado la lengua.  “Yo sé y he visto lo que ha estado haciendo esa gente,” dijo Morgan de los sicarios de Batista”.  “Han matado.  Han asesinado.  Han golpeado repetidamente a la gente… y también han hecho cosas que no tienen nombre”.

En una de las mangas de su uniforme, Morgan había cosido la bandera americana.  “Había nacido americano,” le gustaba decir.

Por la noche, solía sentarse al lado del lumbre, donde chispas dispersadas creían mini – constelaciones fugaz; y les escuchaba a los rebeldes compartir su compartida visión de la revolución.  Las varias facciones del movimiento—incluyendo dos grupos más en el Escambray y las fuerzas de Castro en la Sierra Maestra—representaban un muestrario de ideologías y ambiciones personales.  El frente de Escambray advocaba una democracia al estilo occidental y era firmemente anti-comunista, una postura política que apartemente compartía Fidel Castro que a diferencia de su hermano Raúl o incluso Che Guevara, había expresado poco interés en el Marxismo-Leninismo.  En la Sierra Maestra, Castro le dijo a un reportero, “Nunca he sido, no soy ahora, un comunista. Si lo fuera, tengo suficiente coraje como para proclamarlo.”

En el Escambray, Morgan y Menoyo habían hecho amigos muy estrechos.  Morgan era mayor, y tenía un coraje casi suicida, justo como el Hermano de Menoyo que había muerto en el asalto contra Batista.  Morgan se dirigía a Menoyo como “mi jefe y mi hermano” y le contó todo sobre su pasado turbulento.  Menoyo se sentía que Morgan se estaba madurando, igual como soldado que hombre.  “Poco a poco, William se estaba cambiando,” dice Menoyo.

En julio, después de Morgan fue ascendido a comandante, escribió una carta a su madre, algo que no había hecho durante sus seis meses en las montanas.  Escrito con una floritura distinta de guiones, decía: “Sé que ni apruebas ni comprendes porque estoy aquí—aunque incluso seas la única persona del mundo—que creo que me entiende—he estado en muchos sitios—en mi vida y he hecho muchas cosas de las cuales no has aprobado—ni entendido, ni que entendí yo mismo—en el momento.”

Contendía con sus antiguos pecados, reconoció el dolor que le había causado a Ellen, su segunda esposa, y sus hijo (“a estos tres que he dañado profundamente”) por abandonarles.  “Es difícil entender pero les amo profundamente y pienso en ellos frecuentemente,” escribió.  Ellen había presentado una demanda de divorcio, motivada por la deserción.  “No espero que todavía tenga mucho fe o cariño para mi,” escribió Morgan.  “Y es probable que tenga razón.”

Pero quería que su madre entendiera que aun no era la misma persona.  “Estoy aquí con hombres y chicos—que luchan por… libertad,” escribió.  “Y si sucediera que me maten aquí—Todos sabréis que no fue por un capricho pasajero—o como diría papa un sueño imposible.”  El amigo que también había traficado armas a los rebeldes mas tarde les dijo al Palm Beach Post, “Había encontrado su causa en Cuba.  Quería creer en algo.  Quería tener una finalidad.  Quería ser alguien—no quería ser nadie—”.

Morgan había compuesto una declaración filosófica explicando por qué se había apuntado con los rebeldes.  El ensayo, titulado “Por qué Estoy Aquí,” decía:

        ¿Por qué vengo aquí a esta tierra tan extranjera a la mía?  ¿Por qué he venido aquí, lejos de mi hogar y mis familiares?  ¿Por qué me preocupo por estos hombres aquí en las montañas conmigo?  ¿Es porque eran todos amigos?  ¡No! Cuando vine aquí eran extraños y no podía hablar su idioma ni entender sus problemas.  ¿Es por qué busco aventura?  No—aquí no hay aventura sino solo el siempre presente problema de sobrevivir—.  Entonces, ¿Por qué estoy aquí?  Estoy aquí porque creo que la cosa mas importante que puedan hacer hombres libres es proteger la libertad de los demás.  Estoy aquí para que cuando mi hijo sea mayor no tenga que luchar o morir en una tierra extranjera porque un hombre o un grupo de hombres intentan quitarle su libertad.  Estoy aquí porque creo que hombres libres deberían tomar las armas, unirse, y luchar contra y destruir los grupos y fuerzas que quieran quitar los derechos del pueblo.

Con su prisa de rehacer el pasado Cubano tanto como el suyo, Morgan muchas veces se olvidaba de pausar por hacer periodos o dividir los párrafos.  Reconocía: “No puedo decir que siempre he sido un bueno ciudadano”.  Pero explicaba que “estando aquí puedo apreciar la manera de vivir que es la nuestra al nacer,” y recontaba las cosas imposibles que había visto: “Donde un chaval de 19 puede marchar 12 horas con una pie fracturada en terreno comparable a los Rockies sin quejarse.  Donde un cigarrillo se fuma entre diez hombres.  Donde hombres pasan sin agua para que otros puedan beber.”  Notando que las políticas de los estados unidos habían apoyado a Batista, concluía, “Me pregunto por qué apoyamos a los que destruiría en otras tierras las ideales que apreciamos tanto”.

Morgan envió la declaración a alguien que sabía que lo comprendería: Herbert Matthews.  El reportero de los Times le consideraba a Morgan como “la figura mas interesante en la Sierra de Escambray”.  Poco después de haberla recibido, Matthews publicó un articulo sobre la Segunda Frente y su “fuerte, inculto joven americano” líder, citando un pasaje refinando de la carta de Morgan.

Otros periódicos también empezaron a relatar las hazañas del “americano aventurero,” el “intrépido Morgan”.  El Washington Post reportó que se había convertido en un tipo atrevido a los tres años de edad.  Las cuentas eran suficientes para hacer que “los colegiales babeen,” como escribió un periódico.  Un hombre de negocios jubilado de Ohio mas tarde les dijo al Toledo Blade, “Era como un vaquero de una cuenta de Ernest Hemingway”.  Por fin Morgan había realizado sus ficciones interiores.

Un dia de la primavera de 1958 mientras Morgan visitaba un campamento guerrillero para asistir una reunión con los jefes de la Segunda Frente, encontró un rebelede que ya no habia visto nunca: pequeño y delgado, su cara escondida por el ala de su gorro.  Solo cuando se acerco se dio cuenta de que era una mujer.  Tenia viente y pico; ojos oscuros y piel moreno.  Y para ocultar su identidad, se había cortado su rizado pelo morrón, luego tiñéndolo negro.  Aunque tuviera una belleza delicada, podía empunar y cargar una pistola con la facilidad de un atracador de bancos.  Mas tarde, Morgan comentando sobre la pistola que llevaba, dijo: “Sabe usarlo bien”.

Su nombre era Olga Rodriguez.  Era de una familia campesina, en la procincia central de Santa Clara, de muchas veces pasaba sin comida.  “Eramos muy pobre,” recuenta Rodriguez.  Estudiaba diligentemente, y fue elegida presidente de su clase.  Tenia el objetivo de llegar a ser profesor.  Era lista, cabezota, e inquisitiva—como dice Rodríguez si misma “siempre fue un poco diferente”.  Cada vez más enojada por la represión del régimen de Batista, se unió con la resistencia clandestina, organizando manifestaciones y montando bombas hasta, un día, agentes de la policía secreta de Batista aparecieron en su barrio, ensenando su foto a los habitantes.  “Habían venido para matarme,” recuenta Rodriguez.

Cuando la policía secreta no le podían encontrar, dieron a paliza a su hermano, dejándolo en el umbral de la casa de sus padres, “como un saco de patatas”.  Sus amigos le rogaron que se fuese de Cuba, pero les respondio “No abandonare a mi país”.  En abril de 1958, con la apariencia disfrazada con una pequnita pistola .32 metida en su ropa interior, se convertio en la primera mujer de juntarse con los rebeldes de Escambray.  Cuidaba a los heridos y daban clases de lectura y escritura.  “Tengo el espirtu revolucionario,” le gustaba decir.

Cuando Morgan le conocio, bromeaba con ella afecutuosamente sobre su corte de pelo, encasquetándole el gorro diciendo “Oye, muchacho”.  Morgan habia llegado al campamento literalmente encima de un caballo blanco, y ella se sentía su corazón latir “boom, boom, boom”.

“Soy una grand romántica y me movia tanto que un extranjero se preocuparía tanto por mi compadres que luchara por ellos,” dice.  Morgan repetidemente le buscaba en el campamento.  A veces ella le preparaba arroz y frijoles (“Soy guerrillera, no cocinero”); y eel se quejaba “demasiado aprisa” cuando ella hablaba de la necesidad de celebrar elecciones,  y construir escuelas y hospitales en un español a ráfaga de disparos.  Era distinta de las otras mujeres con que se había liado impetuosamente.  Como su madre, Olga tenía un sentido profundo de convicción, y fue por su influencia, dice Menoyo, que la “transformación de William” promovía, aunque Rodríguez lo veía diferentemente: Morgan no se cambiaba sino descubriéndose de verdad.  “Sabia que William no siempre habia sido un santo,” dice Rodriguez.  “Pero al dentro, yo sabia, tenia mucho corazón—uno que habia abierto no solo a mi sino a mi país también”.

Morgan reconocia el peligro de rendirse a una huida de emociones en el medio de una guerra.  El régimen batistiano habia puesto un premio de enganche de 20 mil dólares—“vivo o muerte,” como lo describia Morgan.  Una vez, cuando Morgan y Rodriguez estuvieron juntos, un avión militar apagaron sus motos para que no pudiesen oir su acercamiento hasta que ya les cain las bombas.  “Simplemente tuvimos que ponernos a cubierto,” recuenta Rodriguez.  A penas escaparon ilesos.  Durante los bombardeos, se abrazaban, susurrando en voz baja: “Nuestros destinos están entretejidos”.

Cuando Robert Jordan está abrumado por su amor de una mujer durante la Guerra Civil Espanola, se tema que jamas experimentar lo que hacen la gente normal: “Ni tiempo, ni alegría, ni diversión, ni hijos, ni una casa, ni un bano, tampoco unas payamas limpoias, ni el periódico dominical, ni despertarnos juntos, ni despertarme sabiendo que ella está ahí y que no estás solo.  No.  Nada de eso.”

Mientras luchaba Morgan en el Escambray, no podía existir ni el pasado ni futuro—solo el presente.  “Nunca podríamos tener tranquilidad,” dice Rodríguez.  “Desde el principio, tenia la mala sensación de que las cosas no iban a acabar bien”.  Pero la imposibilidad de su romance solamente profundizaba su ardor.  Poco después se conocieron, un chicho de un pueblo cercano se acercó a Rodríguez en el campamento, llevando un punado de flores salvajes morados: “Mira a lo que te ha enviado el americano,” el chico le dijo.  Unos días después, el chico aprecio de nuevo, esta vez llevando un bouquet.  “Del americano,” dijo.

Como Morgan le diría mas tarde, tuvieron que “robar tiempo”.  En un de esos momentos, un fotógrafo les pilló de pie en el claro de la montaña.  En la imagen, los dos llevaban trajes de faena; un rifle está echado a la espalda de Morgan y ella se apoya en otro como si fuese un bastón.  Con sus manos libres, se agarran fuerte.  “Cuando te encontré, encontré todo lo que puedo pedir de este mundo,” el escribió Morgan mas tarde.  “Solo la muerte nos puede separar”.

“MORGAN FUE MATADO ANTEANOCHE EN EL TRANSCURSO DE UN ENFRENTAMIENTO CON EL EJERCITO CUBANO”.  Así se leía un cable enviado desde la embajada americana en Habana a Hoover, en la sede central del FBI el día 19 de septiembre de 1958.  El régimen de Batista, que ya había dejar correr las noticias a la prensa Cubana, mandó dos fotógrafos de un cadáver fracturado, sin camisa y cubierto en sangre al FBI.

La madre de Morgan estuvo destrozada con se enteró de las noticias.  Unas semanas mas tarde, recibió una carta desde Cuba, escrita en la mano de Morgan.  Decía “La prensa cubana reportó que estaba muerto, pero como puedes ver, no lo estoy”.

Justo como había declarado falsamente la muerte de Fidel, el régimen de Batista cometió el error de creer su propia propaganda de Morgan, atrapándose en el circuito cerrado de información que aísla tiranos de no solo sus compatriotas sino también la realidad.  Mientras tanto, la apartemente resurrección de Morgan, como uno de los trucos mágicos de Mulholland, creo una contra-ilusión muy potente: que era indestructible.

En octubre, llegó Che Guevara al Escambray con unos cientos soldados casi muertos.  Habían concluido una caminata hacia el oeste desde la Sierra Maestra, aguantando ciclones, fuego enemigo, y durmiendo en pantanos.  Guevara había descrito a sus hombres como “rotos moralmente, famélicos… sus pies tan sangrientas y tan inflamados que ya no caben en lo que quedan de sus botas”.  Guevara—que otro rebelde había describo una vez como “medio atlético y medio asmático” y propenso a hablar de “Stalin y Baudelaire” en la misma conversación—tenia pelo oscuro que casi caía hasta sus hombros.  Durante la marcha, llevaba el gorro de un compañero muerto, pero, a su angustia, lo había perdido y así empezó a llevar una boina negra.

Las tropas de la Segunda Frente habían crecido a incluir más que mil hombres.  Morgan le escribió a su madre “Ahora estamos mucho más fuertes,” y dijo que sus hombres “estaban preparándose para bajarse de las montañas y conquistar las ciudades”.

Guevara habia sido mandado a Escambray para asumir el control de la Segunda Frente porque Castro estaba ansioso a eliminar cualquiera amenaza a su predominio y asi quería acelerar el asalto contra Batista.  Pero muchos rebeldes ahí rechazaron la usurpación de su autoridad y tensiones sumergidas empezaban a resugir.  Cuando Guevara y sus hombres intentaron a entrar en una extensión de territorio, se encontraban confrontado por un líder particularmente combativo de la Segunda Frente, Jesus Carreras.  Depues de exigir una contraseña de Guevara, Carreras no les dejo pasar.

Morgan y Guevara, los dos comandantes extranjeros, se desconfiaban amargamente.  El alborotador, amate de diversión, anti-comunista americano no tenia mucho en común con el ascético, erudito, marxista-leninista doctor argentino.

The American Healthcare Debate: A Supreme Dilemma


By Ryan Kozin

The Debate: The Court and the Impending Decision

This past month the Supreme Court of the United States (SCOTUS) concluded deliberations on the constitutionality of Barak Obama’s signature healthcare legislation, The Patient Protection and Affordable Care Act (PPACA).  Following three days of congressional hearing which were held earlier in the month (April), 300-plus million Americans now anxiously await the court’s decision, which will be to the public announced this coming June.  And as the general political atmosphere continues to move towards that of a heated Presidential election, partisanship on the decision is seen and felt  nationwide.  Proponents of the law—signed into law on March 23, 2010—argue that it is a long overdue legislative accomplishment that addresses a discriminatory healthcare industry that leaves roughly 52 million Americans without coverage (figures according to the Commonwealth Fund); opponents argue that it is an invasion of personal freedom indicative of an out-of-control federal government moving dangerously fast towards socialism.

While Senator Obama successfully campaigned on a single-payer platform—a system in which one entity (a government run organization) would collect all health care fees, and pay out all health care costs—, what was ultimately passed in Washington D.C. two years ago (HR 3590) ended up looking more like a regulatory piece of legislation on the healthcare industry rather than a complete overhaul.  However, it is not without its merits.  And while liberal and progressive supporters of Obama might not be completely satisfied with the law—Physicians for a National Health Program, from whom we borrowed the Statue of Liberty image, still push for a single-payer system for instance—the truth is that it was a milestone democratic achievement.  Whether or not the law will stand, however, remains to be seen.

The Bill: A Contentious Birth

So what did the final bill look like exactly?  According to Peter J. Smith of the George Washington University School of Law, who summarized it succinctly in his paper Federalism, Lochner, And The Individual Mandate: “PPACA’s principal objective was to make insurance more readily available and affordable, regardless of the insured’s health condition”.  And, “it seeks to accomplish this goal by prohibiting insurers from denying coverage of pre-existing conditions and from denying eligibility based on health status, medical condition, or disability”.  Furthermore, by requiring that all individuals purchase health insurance or face a ‘tax’ (although legal arguments are currently being had over whether it’s a ‘tax’ or a ‘penalty’), the bill effectively increases the size of the pool of individuals paying into the system, therefore allowing for insurance companies to remain profitable while still covering individuals that have previously been denied coverage.  While this is not the single-payer system many progressive Democrats were hoping for, it seems like a successful middle-of-the-road solution in that it extends coverage through the pre-existing privatized apparatus.

However, while PPACA is an accomplishment in that it does extend coverage, a total of 28 states did not see the constitutionality of it.  And 26 of those 28 went on to file a joint action case against the Federal government (Florida v. United States Department of Health and Human Services) arguing that mandating the purchasing of insurance exceeds the authority of Congress to regulate interstate commerce and therefore does not fall within the scope of the powers granted to Congress under the Commerce Clause—remember that all legislation has to be pursuant to a provision, or provisions, of the United States Constitution.

The claims were upheld by Judge Roger Vinson in Florida v. United States Department of Health and Human Services (January 31st, 2011).  The hearing, unsurprisingly, was controversial in and of itself and would also go on to be challenged.  On August 12, 2011, a divided three-judge panel of the 11th Circuit Court of Appeals affirmed Judge Vinson’s decision in part, agreeing that the mandate was unconstitutional, but held that it could be severed, allowing the rest of the PPACA to remain. In response, the federal government declined to seek an en banc review by the Eleventh Circuit and instead petitioned for the U.S. Supreme Court to review the panel’s ruling and on November 14, 2011, the Supreme Court of the United States issued a writ of certiorari to the United States Appeals Court for the Eleventh Circuit to consider appeals to its rulings in National Federation of Independent Business v. Sebelius and Florida v. United States Department of Health and Human Services.

Legal Timeline of PPACA:

  •  March 23rd 2010, PPACA is signed into law
  •  March 23rd 2010, Florida along with 12 other states file a joint case against the United States Federal Government—an additional 14 states would eventually join the suit.
  • October 14, 2010, U.S. District Judge Roger Vinson ruled that the U.S. states could proceed with the lawsuit to overturn the new health care reform law.
  • January 31, 2011, Judge Vinson issued an opinion finding that the Individual Mandate was not severable and that the entire law must be overturned.
  • The Justice Department expressed its intention to file an appeal with the 11th Circuit Court of Appeals.
  • On August 12, 2011, a divided three-judge panel of the Eleventh Circuit Court of Appeals affirmed Judge Vinson’s decision in part: the court agreed that the mandate was unconstitutional, but held that it could be severed, allowing the rest of the PPACA to remain.
  • On September 26, 2011, it was reported that the Department of Justice would not ask for an en banc review by the 11th U.S. Circuit Court of Appeals.
  •  March 2012 SCOTUS holds hearings.
  • June 2012, a decision will be announced to the American public.

(Click here for an illustrated reminder of the US Court System.)                         

Constitutionality & Commerce: Inclusive v. Intrusive

So, where does PPACA stand?  Well, there are a total of four issues that SCOTUS is reviewing, which are as follows: The applicability of the Anti-Injunction Act, which prevents prohibits courts from striking down tax laws before the take effect; the constitutionality of the Individual Mandate; the Severability (of the Mandate)—or, in other words, can the bill be effective without that portion of the law—; and lastly, whether or not the expansion of Medicaid as presented in the bill violates the Constitution.

For our purposes here, though, we will limit our focus to the linchpin of the bill, the Individual Mandate.  And the exact question before SCOTUS on those grounds is whether or not the Federal Government has the constitutional power to require that all individuals purchase health insurance. And the constitutionality effectively boils down to the applicability of the Commerce Clause, defined in Article 1, Section 8, Clause 3;[2] of the Constitution as such:

[The Congress shall have Power] To regulate Commerce with foreign Nations, and among the several States, and with the Indian tribes.

Predictions have so far been split over whether or not the Supreme Court will determine that the individual mandate falls within the scope of the clause.  However, giving a speech two weeks ago at a White House Press Meeting, President Obama—himself a former professor of Constitutional Law—stated that he was ‘confident’ that the SCOTUS would uphold the law:

I’m confident that this will be upheld because it should be upheld. That’s not just my opinion; that’s the opinion of a whole lot of constitutional law professors and academics and judges and lawyers who have examined this law, even if they’re not particularly sympathetic to this particular piece of legislation or my presidency.”

Besides highlighting that the Congress that passed the legislation is democratically elected whereas Supreme Court Jurors are appointed for life—which would therefore, he argued, make such an overturn nothing more than “Judicial Activism,” which is slight erroneous as the court does have the power of “Judicial Review [of law]”—, Obama meant that overturning a major piece of legislation drafted by a democratically elected Congress would be an unusual act of the court.  But, let’s go even further.  Just how far does the Commerce Clause extend?  And is there precedence one way or another with regard to application of the Commerce Clause to such a piece of legislation?

To understand if the mandate falls within the bounds of the Commerce Clause when need to understand the arguments being made.  And as summarized very well by Professor Sheldon Nahmod at the IIT Chicago-Kent College of Law, both sides are effectively as follow:

The argument here [i.e., against the mandate] is that this is not your usual commerce clause case.  This is a case in which what’s being regulated is not doing something, but failing to do something—failing to buy healthcare insurance.  And the argument is that, among other things, that this is not an economic activity that subject to congressional regulation under the commerce power and the related argument is that if it were, what could congressional not force us to do in terms of buying things? […] The [counter] argument is that the decision not to purchase health insurance is effectively an economic decision […] And it’s part and partial of a overall healthcare and healthcare insurance scheme which effects millions of people over state lines.  So, the decision not to buy health care insurance in a situation where everybody at some point with or without insurance are going to need insurance means that people without healthcare insurance are costing people money that the rest of us who have healthcare insurance are paying for and the argument is that is not fair and not economically efficient.” 

So, your “localized decision” not to purchase healthcare insurance—when you are in fact inevitably going to end up needing healthcare—is actually not a solely “localized decision” at all.  Because of how intertwined the healthcare insurance industry is, it affects me even though I may live 5 states over.  In short, it affects interstate commerce.  And is there precedent?  Has the Supreme Court ever before consider a case involving what might have been described as “local activity” and found that the Commerce Clause gave it the right to regulate?   The answer is yes.  Professor Nahmod continued:

“There was a case in the early 1940’s involving a farmer’s decision to grow wheat for home consumption and the Supreme Court held that Congress under the Commerce Clause could regulate that.  And more recently, in the Raich Case coming out of California, the medical marijuana case, the Supreme Court also held that that could be regulated by Congress in order to continue to effectively regulating the interstate shipment and treatment of drugs that were prohibited—part of a complex regulatory scheme.”

Ultimately, the Individual Mandate does fall within the scope of the Commerce Clause.  As James F. Blumstein, University Professor of Constitutional Law and Health Law & Policy at Vanderbilt Law School, put it when interviewed by the New York Times recently: “For the states to succeed in having the law declared unconstitutional, the Supreme Court would have to modify significantly existing analysis and doctrine surrounding the Commerce Clause,” speaking to the fact that US government has been using the clause increasingly since 1937 to carry out necessary laws much like PPACA.

The argument surrounding the applicability of the Commerce Clause to PPACA’s Individual Mandate comes down to whether not purchasing healthcare insurance is a form of economic activity as Congress only has the power to regulate economic activity—they do not have the right to regulate economic inactivity. At its core, it’s a seemingly ridiculous question: Is the decision not to take economic action itself a form of economic activity?  So, while no one is arguing that Congress does not have the right to regulate the insurance industry under the Commerce Clause, the plaintiffs maintain that requiring individuals to “engage in commercial transactions they would otherwise have avoided,” and, therefore, the mandate by definition regulates inactivity.  But as argued acutely in response:

“As the government and others have argued, a decision not to purchase or maintain insurance can just as easily be conceptualized as a form of activity—in essence, a decision to self-insure or to plan to seek health care without any means to pay for it (and thus often at public expense).  Decisions about how to fund eventual healthcare expenses – whether by purchasing private insurance, securing a job that provides health insurance, planning to take advantage of government-provided health care, or planning to rely on the financial assistance of family members – are economic decisions that, in the aggregate, have a substantial effect on interstate commerce.”

In the end, when you consider that, according to Roll Call, the average family, including Members of Congress, is already paying $922 more each year in health insurance premiums to cover the cost of treating the uninsured, it becomes nearly indisputable that the decision not to purchase healthcare insurance does affect both intrastate and interstate commerce and is therefore a form of ‘economic activity’.  While it might not be direct ‘economic activity,’ it is an active economic decision.  And, when you couple that with the fact that Congress has long compelled individuals to take action that they might not otherwise take—under Article I to compel citizens to register for the draft, and no one seriously contends that Congress lacks authority to require individuals to report for jury duty or to respond to the census—, it becomes quite difficult to argue that the individual mandate is unconstitutional as pursuant to the Commerce Clause.

Furthermore, as this case makes its way to the Supreme Court it is important to keep in mind that it is the only of its kind that has made it out of the appellate court, which is good news for the Obama administration.  Three federal appellate courts in Washington, in Richmond, Va., and in Cincinnati, rejected substantive challenges to the healthcare law.  The most important of which—Seven-Sky v. Holder—took place in the U.S. Court of Appeals for the District of Columbia.  And not only was the mandate found to be constitutional, but leading conservative intellectual Judge Laurence H.  Silberman stated:

“The right to be free from federal regulation is not absolute and yields to the imperative that Congress be free to forge national solutions to national problems.”

Lastly, and as recently highlighted very well in an article by Einer Elhauge in The New Republic, mandates are nothing new.  In fact, even there are numerous examples of when the Founding Fathers imposed insurance mandates—including George Washington himself.  Einer points out three unknown historical insurance mandates:

  • In 1790, the very first Congress—20 of them framers—passed a law including a mandate requiring that ship owners buy medical insurance for their seamen. This law was signed by President George Washington.
  • In 1792, a Congress with 17 framers passed another statute that required all able-bodied men to buy firearms.
  • In 1798, Congress addressed the problem that the employer mandate to buy medical insurance for seamen covered drugs and physician services but not hospital stays and enacted an individual mandate requiring seamen to buy hospital insurance.  The law was signed by John Adams.

Haunting Historic Parallel: Contention for the Commerce Clause

In addition to the case for the constitutionality of the mandate under the Commerce Clause there exists a haunting parallel, which deserves reflection.  According to Professor Peter J. Smith’s aforementioned paper (Federalism, Lochner, And The Individual Mandate), in 1964 the Attorney General of the Commonwealth of Virginia filed an amicus brief in Heart of Atlanta Motel v. United States urging the court to invalidate the Civil Rights Act of 1964.  The note read “Can anyone seriously maintain that our forefathers deemed it to be part of ‘liberty’ that the Congress of the United States could dictate to them those persons whom they must serve in their private business establishments? The brief then cited the Ninth Amendment’s reminder, saying ‘enumeration in the Constitution of certain rights shall not be construed to deny or disparage others retained by the people’ and went on to argue that ‘since the day of its ratification, one of those rights has been the right to discriminate in private business establishments.’  Lastly, the brief asked, ‘How can it now be asserted that the Commerce Clause, which was already a part of the Constitution, has somehow destroyed that right?’

  As Smith closes out his paper by saying, there is an eerie echo of these arguments in the lawsuit filed by the current Attorney General of Virginia to challenge the constitutionality of the PPACA in general and specifically the mandate under the commerce clause.  And while we don’t necessary have to assume that the current challenges before the court are tainted by the same invidious desire to defend a shameful practice, it is hard to argue that they are not similarly flawed arguments in what they advance—namely, that any expansive application of law by the Federal Government is unconstitutional.  In short, there seem to be larger geopolitical motivates driving the fierce rallying cry against ‘Obamacare’.

Historical Context: Ideas in Health Care Reform from Roosevelt to Obama

Despite the right’s belligerent reaction to PPACA, the majority of Obama’s policies are moderate when placed in a historical context.  Nevertheless, the Republican Party has found it advantageous to paint him as a careless tax-and-spend socialist. Even Mitt Romney, the architect of the Massachusetts plan  (i.e., An Act Providing Access to Affordable, Quality, Accountable Health Care) and a relative moderate in the republican field, has been running on the platform that his first order of business as president would be to repeal Obamacare and then require states to draw up their own health care legislation—he has not, however, elaborated on how he would make sure that all state laws would coordinate in accordance with each other in order not to further complicate an already byzantine healthcare insurance industry.  But the truth is that the PPACA is shocking similar to healthcare policies drafted, designed and discussed by both Republican and Democrat US Presidents throughout history.  In fact, the whole idea of instituting an individual mandate was a Republican idea that came about by the conservative think tank the Heritage Foundation (the 1989 report is available to right) as an alternative the Single Payer System typically favored by progressives.  And as mentioned by Josh Gerstein of Politico, the individual mandate was the leading alternative favored by conservatives such as Gingrich when President Clinton was pushing universal during his administration’s first term.

So, just how centrist is Obamacare?  Here is a bullet-pointed list of previous attempts at healthcare reform made by Presidents of both parties (based off of a recent piece in the New York Times that you can access here):

  • 1912, Theodore Roosevelt was the first President to touch the issue, promising national health insurance and women’s suffrage during his campaign for the Progressive Party.
  • 1934, Harry Truman was unable to touch healthcare due to pressures felt by powerful lobbies such as the American Medical Assocation (AMA) despite his intentions.
  •  1945, coming off the WWII, President Harry Truman called on Congress for a health care overhaul.  He proposed compulsory coverage, increased hospital construction, and a doubling of doctors and nurses nationwide.  However, echoing 1934 as well as the current political climate, the AMA and other critics cried of “socialized medicine” and the plan never made it out of Congress.  And although he would attempt to get legislation passed again in 1948, the Korean War thwarted any would-be successes.
  • The next president to push for health care reform was John F. Kennedy whom tried to push his Medical Aid Bill, which was ultimately stalled due to powerful lobbying by the medical industry.
  • 1965, along with a Democratically-led Congress and labor unions, Lydon B. Johnson created the Medicare and Medicaid programs, which provide comprehensive health care coverage for people 65 and older as well as the poor, blind and disabled.  This is widely considered to be the most important piece of healthcare reform legislation.
  • 1971, with health cost being to increase sharply, mainly due increases in the cost of hospital care, health costs become a major political issue and Republican President Richard M. Nixon supports a proposal requiring employers to provide a minimum level of insurance to employers while Senator Edward M. Kennedy (Democrat) proposed the “Health Security Act,” which was a single-payer health reform plan.
  • 1973 President Nixon signs the Health Maintenance Organization Act of 1973, which established H.M.Os as we know them today.
  • 1976, following Edward M. Kennedy’s lead on the issue was President Jimmy Carter, who campaigned on the need for “a comprehensive national health insurance system with universal and mandatory coverage”.  However, the recession that followed his election took precedent over any such legislation.
  • 1988, Republican President Reagan signed into law the Medicare Catastrophic Coverage Act, created to protect older Americans from financial ruin because of illness.  Benefits included setting ceilings on Medicare patient’s payments for hospitals, doctors and prescription drugs.  (However, the Catastrophic Coverage Act was repealed as hundreds of thousands of more affluent older Americans objected to paying the surtax that would be used to fund the program.)
  • 1993, President Bill Clinton looks to provide universal coverage by managing competition.  In short, he wanted to keep the industry privatized but implement stronger regulation.  But yet again, Clinton’s efforts died due to strong industry lobbying and partisan politics.   However, only four years later Clinton had some success with the creation of the State Children’s Health Insurance Program (S-Chip), which would bring coverage to more than 7 million children by 2008.

Placed in this context, Obama’s legislation sharply mirrors the more centrist plans proposed over the past 100 years.  And in more recent memory, it is almost identical to the legislation Republican presidential candidate Mitt Romney signed into law in Massachusetts—simply expanded.  According to Johnathan Gruber, a key intellectual architect to both Romney’s healthcare law as well as Obama’s law in addition to being a professor of Economics at MIT:

“[…] they’re the same fucking bill. He [Romney] just can’t have his cake and eat it too. Basically, you know, it’s the same bill. He can try to draw distinctions and stuff, but he’s just lying. The only big difference is he didn’t have to pay for his. Because the federal government paid for it. Where at the federal level, we have to pay for it, so we have to raise taxes.”

He goes on to say:

“Basically, this is the last hope for a free-market solution for covering the uninsured. If this fails, then you either give up on the uninsured or you go to single-payer. Those are the only two options left. And the Republicans, if they’re willing to stand up and say, ‘We give up on the uninsured,’ then great, let them say that and let the voters come to the polls and decide, but they won’t say that.”

Ultimately, when you contextualize the Patient Protection Affordable Care Act, it becomes clear that it is not an over-reaching socialist policy but rather a moderate free-market solution that brings coverage to millions of Americans that will otherwise be left without coverage.  It’s actually quite surprising that such a bill would be signed by a Democrat President—while PPACA does force insurance carriers to provide insurance to customers regardless of ‘health status, disability or medical condition’ and is therefore seen as an accomplishment, it makes that possible by expanding the pool of individuals in the market, thereby ensuring the success of the free-market.  The individual mandate helps to ensure a large market for private insurance carriers and helps insulate them for the costs they would assume if they were simply required to cover all those who wanted care without the guarantee of an overall larger patient pool.  And so the question remains—what will happen if the Supreme Court ends up being activist rather than judicious and repeals the legislation?

Potential Political and National Consequences: Uninsured and Unmarketable

If either the individual mandate or ‘Obamacare’ in its entirety is repealed, there will be immediate consequences.  Not only would a repeal damage Obama’s re-election bid as it would be very difficult to rebound from such a large piece of ‘unconstitutional’ legislation, but as parts of the law have already been implemented, it would mean taking coverage away from Americans—including children—who just recently were awarded it for the first time.  Plus, there are substantial deficit costs associated with PPACA.  According to the Congressional Budget Office (CBO), repealing the national health care law would reduce net spending by $540 billion in the ten year period from 2012 through 2021—that number represents the cost of the new provisions, minus Medicare cuts. Plus, repealing the bill would also eliminate $770 billion in taxes. It’s the tax hikes in the health care law (along with the Medicare cuts) which accounts for the $230 billion in deficit reduction.  Here is a list of what else will happen if either all or part of PPACA is repealed.

            More specifically, if the Individual Mandate is repealed:

  • The most disastrous consequence of repealing the mandate but allowing the rest of the bill to stand would be the collapse of the insurance industry.  As stated by Avik Roy or Forbes Magazine: “it would totally destabilize the private insurance market. The Obamacare individual mandate is relatively weak, as mandates go; but repealing it, while maintaining the law’s requirements that insurers take all comers regardless of age or health, will drive insurers out of business, in what economists call the ‘adverse selection death spiral.’”
  • Repealing the mandate will deprive the Supreme Court of the opportunity to rule on the constitutionality of the provision, and on the entirety of the Affordable Care Act [ACA]. While the Supremes may decide to uphold the mandate, it is also possible that they will use the opportunity to rule on the mandate to finally install some constraints on Congress’s exploitation of the Commerce Clause. This has significant long-term implications for the cause of limited government and would amount to ‘Judicial Activism’.
  • According to FierceHealthcare (Daily News for Healthcare Executives), Hospital executives, including the American Hospital Association (AHA), are worried that if the Supreme Court strikes down the individual mandate, their organizations’ finances will be hurt if not destroyed, especially if other provisions under the healthcare law that cut reimbursements remain intact. As hospitals across the country have been pumping capital into their resources, preparing for the millions of anticipated patients to come through provider doors—providers were counting on the estimated 30 million newly insured in 2014 that would affect patient volume and offset the Medicare and Medicaid cuts—, where will they make up the cost of those expenditures if the patient pool is not longer poised to increase?
  • According to Moody’s Investors: “Bad debt, which averages 10 percent of revenues at for-profit hospitals, will expand. Uninsured individuals enter the healthcare system through the emergency room and often wind up being admitted to the hospital and amassing bills they may not have the means to pay.”
  • Lastly, if the individual mandate is repealed, insurers will increase their rates.   To pay for care of the sick, insurers need premiums from the young and healthy people who would be required by the mandate to maintain coverage. But if the mandate is repealed, they’ll have to find a different way to make up those costs. If they try to do it by raising premiums, deductibles, or other customer expenses, healthy customers with less need of coverage would be driven away, forcing them to raise premiums again.

And if PPACA is struck down in its entirety (According to various sources including the White House and the Congressional Budget Office):

  • 2.5 Million More Uninsured Young Adults. 2.5 million young adults who have been able to stay on their parent’s health insurance thanks to health reform will be without it.
  • 2.65 Million Seniors Would Pay $1.5 Billion More for Prescription Drugs. The Affordable Care Act provides a 50 percent discount on covered brand name prescription drugs for seniors and people with disabilities who hit the donut hole. This discount has saved 2.65 million seniors more than $1.5 billion through October 2011. The discount will increase until the gap is eliminated in 2020.
  • 45,000 Americans with Pre-Existing Conditions Would Become Uninsured. As of November 2011, the Affordable Care Act’s Pre-Existing Condition Insurance Plan has provided insurance to 45,000 Americans who have been locked out of the insurance marketplace because of a pre-existing condition.
  • Insurance Companies Would Be Free to Cap Care for 102 Million Americans. Under the Affordable Care Act, insurance companies cannot drop your care when you get sick, or place a lifetime limit on your care. Today, the 102 million Americans whose health plan included lifetime dollar limits have seen their coverage expanded.
  • Insurance Companies Would Be Free to Drop Coverage for up to 15 Million Americans. The Affordable Care Act finally put an end to one of the most abusive practices of the insurance industry: retroactively canceling coverage for a sick patient based on an unintentional mistake in their paperwork. Before the health care law was signed, most of the 15 million people purchasing coverage in the individual market were vulnerable to this policy.

Closing Arguments: Liberty’s Lineation

In closing, the political climate in the United States is volatile, and partisanship makes for very difficult policy-making.  Few, if any, would debate that.  And while it is also true that this volatility has also been compounded by a prolonged economic recovery, there are larger influences at play.  The Republican Party has enthusiastically embraced a paradigm shift to the hard right over the past 20 years,  driving the framework that holds  to the right of what we might call the “historical right”.

 And while the election of Barack Obama in 2008 seemingly speaks to the contrary, the larger trend speaks louder.  Take the Supreme Court jurors, for example.  The current Supreme Court is arguably the most conservative in modern history.  As pointed out by American statistician, psephologist, and writer Nate Silver in the New York Times piece, “one statistical method for analyzing the Supreme Court, in fact, already finds that the current court is the most conservative since at least the 1930s”.
Mr. Silver goes to summarize a methodology known as the “Martin-Quinn Scores,” which are used to measure the relative location of SCOTUS justices on an ideological continuum to better understand the politics of the high court.  And it achieves this by giving justices a score on a one-dimensional scale that runs from liberal to conservative, with negative values representing liberal justices and positive values representing conservative ones; the scores for individual justices can change over time if their voting behavior changes.  The included graph nevertheless clearly profiles the ideological tendencies of the court by representing the most liberal justice at any given time by the leftmost line on the chart and the most conservative justice by the rightmost one followed by additional lines to represent the second, third and fourth most liberal justices, and so forth.  The thick black line in the center of the chart, however, is the important one.  And while Silver does mention that the method should be approached with ‘some caution’ as it does not take into account the subject matter the justices are voting on, the graph clearly demonstrates that the current court has veered further right than any court in the last 80-plus years.

Of the 9 justices that comprise the court, 2 were appointed under George W. Bush (Alito and Roberts), 2 under Reagan (Kennedy and Scalia), and one under George H.W. Bush (Clarence Thomas)—the remaining 4 (Breyer and Ginsberg; Kagan and Sotomayor) were appointed under Clinton and Obama respectively.  Likewise, so far it looks as though the decision is going to come down to a 4 – 5 split, one way or another.  And most legal scholars are naming Justice Anthony Kennedy as the will-be deciding vote.  However, as recently argued by Lawerence Lessig—Director of the Edmond J. Safra Foundation Center for Ethics at Harvard University as well as a Professor of Law at Harvard law School—maybe we will all find ourselves surprised by justice Scalia’s ultimate decision as he is considered to have the leading jurisprudence on the commerce clause.  According to Lessig:

“Scalia’s commerce clause jurisprudence is among the most careful, and, in my view, precise among the justices likely to impose a constitutional limit on Congress’ authority. His concurring opinion in Gonzales v. Raich, a case about whether Congress had the power to regulate home-grown marijuana, maps a very clear formula for testing Congress’s authority. If you apply that test to Obamacare—especially in light of the evidence just published by my colleague Einer Elhauge—there can be little doubt about the answer.”

Nevertheless, Lessig goes on to express doubt suggesting that the debate is purely political.  In the end it is a conservative court feeling pressure from a conservative republican party so obstructionist that they are constantly seeking new extremes in their conservativism—and also a court that is no as unpopular as the conservative controlled congress that has been lobbying it .

In the end it comes down to whether or not you believe health is a deservedly liberty or a product to be controlled by whimsical hand of the free market.  And if you believe in the latter, then you have to decide how to make it available—through a free-market solution like the one at hand, or through a centralized, single-payer system.  In any event, there are tens of millions of Americans that can’t get the coverage they need.  While PPACA is not a perfect piece of legislation, it is a long-overdue step in the right direction.  Instead of campaigning on ‘Nobama,’—trying to repeal every policy he has implemented without necessarily having an alternative, much like Romney has done with regards to healthcare reform—maybe Republican efforts would be better served amending the law or even embracing more centrist ideas that they embraced in the past.  After all, it might be refreshing if conservative lawmakers and politicians alike were able to be patriotic on issues differing from ultra free-marketism and militarism for a change.

The more probable outcome is that Scalia, along with Alito, Roberts and Thomas, votes against it leaving Kennedy as the true determining vote (no relation to the Kennedy political family that had long trumped healthcare reform).  And I personally fear that the politics of the day will ultimately prove more powerful than jurisprudence under precedence.  We need the court to be judicial, not judicious; maybe the Supreme Court is now going to take it upon itself to regulate Congress’ economic authority—something that they haven’t done in modern history.  Either way, in the end it all comes down to constitutionality of the Commerce Clause (which I believe we have proven) and one remaining question: Can a country truly claim to have the best healthcare on earth if it’s not legally available to the entirety of its citizenry?

La burocracia desprotege a las mujeres victimas de violencia de género en Gran Canaria


Por: Kike Gómez

Varias oficinas de atención a mujeres víctimas de violencia de género en Gran Canaria sufren para dar un buen servicio a causa, en este caso, del despropósito del cabildo de la isla; una muestra más de que en la política todo vale excepto preocuparse por los intereses de los ciudadanos.

Todavía no hay una explicación oficial del motivo por el que desde hace unas semanas, el Cabildo de Gran Canaria, que preside Bravo de Laguna, mantiene bloqueada la financiación a esta red de centros por unos flecos burocráticos.

La concejala socialista Isabel Guerra denuncia “desmantelamiento y cierre” de estos centros en Moya, Artenara, Valleseco, Santa Brígida y San Mateo gobernados por la “derecha”, además de la disminución de los profesionales que trabajan en estas oficinas en La Aldea, Gáldar, Guía, Tejeda, Agaete, Firgas, Telde y Arucas.

Lo extraño de todo es que solo se trata de una cuestión de plazos. Se supone que el Cabildo aprobará antes o después el convenio con los ayuntamientos, por eso extraña el cierre de los centros de Santa Brígida y San Mateo. “Sospechamos que hay un retraso intencionado”, apunta Dulce Quintana, trabajadora social de Gáldar.

Entre tanto las beneficiarias de estos servicios se enfrentan a cierres y cambios administrativos que les desorientan en su toma de conciencia como maltratadas, bajo riesgo de volver con su maltratador.

Dulce Quintana, advierte del peligro de estas prácticas. “En las oficinas diseñamos un plan individualizado y hacemos seguimiento. No siempre hay denuncia, y ahora muchas han vuelto a la situación de violencia [con su maltratador], porque han perdido ese sostén”. Lo corrobora Paqui González, de Ingenio. “Sabemos de mujeres que se han tenido que ir a vivir a otro municipio sin oficina y no han tenido acompañamiento”, explica.

“No son temas para abordar desde los servicios sociales generales, es algo mucho más especializado, al mismo nivel que la dependencia, los discapacitados y la drogadicción”, explica la trabajadora social de Gáldar al tiempo que afirma que “si no cuestionamos a las víctimas del terrorismo, tampoco habría que cuestionar a las víctimas de violencia de género”.

2012. La palabra Maya


Estamos en el 2012. Libros y películas nos han bombardeado en los años anteriores con las más diversas teorías basadas en lo que supuestamente los mayas profetizaron. En este documental Melissa Gunasena va a preguntar a los mayas actuales sobre como interpretan ellos y ellas estas profecías. Un viaje al sentido común y hacia la responsabilidad colectiva para cuidar un mundo que es de todos y todas y que estamos descuidando. Documental de una hora de duración con una pequeña colaboración de Retales.

Reducto democrático puro en Villalán de Campos


Los vecinos del municipio vallisoletano optan por la forma de autogobierno de concejo abierto, a pesar de que, tras la reforma de la ley electoral, ya no sea obligatorio para las localidades de menos de 100 habitantes

Por: Kike Gómez

Cuarenta y cuatro sillas en el salón de plenos del ayuntamiento son suficientes para dar cabida todos los vecinos del pueblo de Villalán de Campos, y solo la mitad de votos más uno para que las decisiones que se han de tomar y que afecten a sus habitantes salgan adelante o no. Así es como se rige una comunidad bajo el sistema de concejo abierto.

Todos se conocen en esta pequeña villa de la provincia de Valladolid, muy envejecida -con una media de 60 años-, como otros cientos de municipios castellanos, pero que, aún a pesar de la experiencia, como en las buenas familias, no siempre se está de acuerdo en todo. Para llegar a un acuerdo común, hay que debatir y articular las opiniones para que suenen lo más convincentes posible de manera que la mayoría quede convencida del bien para la comunidad. Aquí no se trata a discutir sobre qué programa poner en la televisión, o sobre cuánto corresponde a cada uno de la tortilla de mamá, sino de alcanzar un consenso en cuanto a las obras de saneamiento de las calles, de la distribución de los presupuestos del ayuntamiento, o sobre dónde sobran o faltan bancos para sentarse en los días de buen tiempo.

Este pueblecito de Tierra de Campos, gracias a la voluntad de sus vecinos, ha vencido una pequeña batalla en el último ataque contra la democracia directa y participativa, después de que la nueva Ley de Régimen Electoral General, suprimiera la obligatoriedad de los concejos abiertos en municipios con menos de 100 habitantes. En estas pequeñas localidades se adopta únicamente como regla, la necesidad de elegir un alcalde y tres concejales, que se erigirían como los representantes legales del resto. Pero para el regidor de Villalán y sus vecinos, el concejo abierto es «la democracia pura y dura, los tres concejales estuvimos de acuerdo en proponer a la asamblea que continuara el concejo abierto y así se decidió por mayoría», explica uno de los concejales.

El concejo abierto puede considerarse como la institución comunitaria más antigua de nuestro continente. Es más que probable que las primeras aldeas, conformadas por distintos clanes que a su vez pertenecían a la tribu, se reunieran ya en asamblea desde tiempos prehistóricos para tratar los asuntos que afectaban a su comunidad.

Según los lingüístas concejo proviene del latín ’concilium’ (concilio), por lo que es obvio que el origen de estas primeras asambleas era el de conciliar las distintas opiniones de los miembros de una misma colectividad. Los acuerdos se basaban en el ’quórum’ o ’consenso’ al que llegaban los habitantes de cada aldea como única institución política deliberante, decisoria y ejecutiva. Por todo esto, el ’concejo abierto’ o ’asamblea comunal’ suele definirse como la forma organizativa y gubernamental más libre que existe, y se muestra en estudios y tratados como ejemplo práctico de democracia directa. Hace casi un año que el 15M volvió a poner de moda estas palabras, pero hay que recordar que en ambos casos todo forma parte de la cultura ibérica ancestral.

Para los habitantes de Villalán, que disfrutan ya de sus años de jubilación en su mayoría, no les preocupa el frío del invierno o el calor del verano cuando deben asistir  semanalmente a las asambleas en el antiguo edificio del ayuntamiento. Ese es, sin embargo, el motivo por el que muchos otros municipios han recibido la propuesta de reforma electoral con los brazos abiertos, ya que en muchos casos nadie acudía a las asambleas. «Tenías que andar llamando a la gente para que fuera a los plenos y muchas veces no hay ni vecinos a quien llamar», dice al respecto Joaquín Vega, alcalde de un pueblo vecino a Villalán.

Pereza y en mucho casos dejadez es el problema al que se enfrenta el concejo abierto. Cada vez son más los municipios en los que el número de censados desciende por debajo de la centena de habitantes, pero aún son menos los que apoyan esta forma de autogobierno.

El concejo abierto parece tener los días contados en la península, ahora que las protestas en la calle por una democracia real o por las listas abiertas, están a la orden del día.  En Villalán, todos los vecinos asumieron el esfuerzo de aceptar sus responsabilidades siendo cada uno miembro-concejal, en lugar de la comodidad de cargar el gobierno del pueblo a los tres concejales electos.

En estas reuniones, donde todo el mundo tiene voz y voto, han salido ideas llenas de imaginación, unas más viables que otras, pero entre las que se encontraba en estado de gestación, la de buscar un uso para la torre de su antigua iglesia Santa Cecilia (siglo XVI), en la que el deterioro avanzaba a pasos agigantados. En los primeros momentos de la concepción del proyecto para cambiar el aspecto de ese lugar emblemático de Villalán, fue cuando se lanzó al aire la propuesta de solicitar al arquitecto Frank Gehry, autor del Museo Guggenheim de Bilbao, que desarrollara allí algún proyecto diferenciador que convirtiera esa almena de la Tierra de Campos en un atractivo turístico. Finalmente todo quedó en una propuesta para la transformación del lugar en una casa rural.

Uno de los debates incluidos en el conjunto de los próximos que se abordarán en las reuniones de los habitantes de Villalán y sus alrededores, estará la de cómo frenar el envejecimiento de la comarca. «Esa es la idea, que haya otros pueblos que se animen y convirtamos la Tierra de Campos en un lugar atractivo desde el punto de vista turístico, y que no agonice con la despoblación», explica el alcalde.

Evolución histórica del concejo abierto

Durante la Edad Media y a pesar de la intermediación de monjes, nobles y reyes, el concejo abierto logró mantener, de forma variable y según las épocas, un alto grado de autogobierno. En las tierras que ocupan la actual Cantabria, pertenecientes por aquel entonces a las Merindades de Castilla, existía el régimen de ‘behetría’, mediante el cual las comunidades podían elegir libremente al Señor que los defendiese. Este último estaba al mando de lo que podríamos calificar como un ’ministerio de defensa municipal’ que le daba derecho a ciertas retribuciones. Esta figura señorial, elegida por el pueblo, fue desvirtuándose progresivamente hasta su total desaparición debido a la presión de la nobleza y la Casa Real.

Más adelante, la Constitución Española de 1812 suprime toda personalidad jurídica al concejo abierto e impone los ayuntamientos, que en esencia pueden considerarse como mera continuación del concejo cerrado oligárquico que se había ido constituyendo desde el siglo XIV en las grandes villas y ciudades. Sin embargo, la precariedad en la que se encontraban los primeros ayuntamientos españoles hizo que durante los siglos XIX y XX se dedicaran casi exclusivamente a la recaudación de impuestos, dejando en manos de los vecinos la gestión de los bienes comunales mediante concejo.

Finalmente, la constitución española de 1978, así como la Ley de Bases de Régimen Local de 1985, vuelven a reconocer la figura del concejo abierto, pero limitándolo a entidades locales de no más de 100 vecinos. Este sucedáneo del concejo primigenio ya no es una asamblea vecinal soberana, pues queda subordinada a la compleja legislación estatal, autonómica y europea. En el estado español existen 984 pueblos cuyos ayuntamientos se organizan de esta forma colectiva.

Fuentes:

El norte de Castilla

Diagonal